Asistimos a un baile de consideraciones en torno a lo sucedido con el contrato de la línea de interés público. Tras quedar desierto el concurso, ha comenzado a cundir el pánico al mismo tiempo que las dos administraciones del mismo símbolo político hacían sus valoraciones curiosamente opuestas. A la Delegación del Gobierno no le parece tan negativa la noticia como sí a la Ciudad y al resto de partidos políticos. Los criterios divergentes en torno a la misma causa no ayudan y los ceutíes se quedan, de nuevo, con la sensación de no enterarse de qué la nueva película. ¿Es bueno que siga existiendo una línea de interés público cuando hace años no existía y nada pasaba?, ¿es malo porque no garantizará los enlaces cuando, por ejemplo, se produzca un temporal?, ¿podrá disponer el ceutí de los mismos medios, enlaces y travesías que hasta ahora y con un precio aceptable? Esas son las cuestiones que deben ponerse encima de la mesa y clarificarse, toda vez que el barco es el único ‘vehículo’ del que disponemos para cruzar al otro lado y no quedarnos aislados. Es una cuestión de Estado el garantizar un transporte digno, económico y que nunca se interrumpa. No se puede volver hacia atrás ni retomar una inestabilidad que trasladaría Ceuta a los tiempos más tercermundistas. ¿Es bueno, es malo lo que está sucediendo? La claridad es necesaria. Y ahora, falta.





