Querida Lucy:
Hoy mis palabras nacen desde lo más profundo de mi corazón. Hace apenas unas semanas que te fuiste y todavía me cuesta aceptar tu ausencia.
Diez años compartimos la vida y aunque a tu manera fuiste independiente y reservada, sé que me quisiste tanto como yo a ti.
Desde el primer día supe que eras especial, te elegí pero también tú me elegiste a mí, quizás no me dejaste llenarte de caricias, pero con tu sola presencia me diste todo lo que necesitaba.
Tu partida fue inesperada, injusta y dolorosa. Aún me pregunto si hice lo suficiente, aunque en el fondo sé que te cuidé con todo lo que estuvo en mis manos. Hoy me queda el consuelo de haberte dado un hogar, un lugar donde siempre fuiste querida, respetada y libre, eso nadie me lo podrá arrebatar.
Imagino que corres libre junto a Mandy y quienes se fueron antes que tú. Aunque la casa se siente vacía, tu esencia permanece en cada rincón, en cada recuerdo, en cada olor.
Gracias por haber sido parte de mi vida, por enseñarme que el amor no siempre necesita palabras ni gestos. Te extraño en cada amanecer y en cada anochecer.
Sé que algún día nos volveremos a encontrar, pero hasta entonces quédate tranquila mi Lucy preciosa porque siempre serás mi estrella y mi ángel de cuatro patas.
Descansa en paz.
Con todo mi amor.
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