Es cíclico. No termina. No cesan las tragedias que hallan en la frontera sur ese pozo sin fondo donde cabe todo, muertes y más muertes, pero también desapariciones. En la tarde del viernes fue recuperado el cuerpo sin vida de un joven de no más de 25 años, enfundado en traje de neopreno y con un flotador. Bueno, o lo que ellos creen que es un flotador y no es más que una de esas cámaras neumáticas de los vehículos que a duras penas sirven para ayudarles a mantenerse.
Ahora se trata de volver a empezar, de dar la vuelta atrás para interpretar la historia, saber quién es el fallecido e identificarlo. A veces se consigue, pero no siempre se logra que al menos las familias puedan saber dónde aparecieron sus seres queridos y cómo fueron enterrados.
Es importante, el duelo no termina hasta que no cerramos el ciclo. En estos casos concretos las familias deben saber dónde terminaron sus cercanos para, al menos, acabar con la ansiedad que se deriva de la falta de noticias.
El bucle de la tragedia volvió a ponerse en marcha en la frontera sur, dejando un cuerpo sin vida de un chico joven del que nada se sabe porque no portaba documentos.
Ahora es momento de teorías, de posibilidades, de si trataba de llegar a nado a Ceuta, de si trataba de escapar en alguna embarcación hacia la Península... Ninguna terminará siendo la definitiva porque nos falta lo más importante, el testimonio de quien ya no está.
De nuevo, los problemas asoman y son los mismos porque parece increíble que siendo una ciudad frontera no hayamos sido capaces de resolver la situación.
No tenemos espacios donde mantener durante un tiempo prudencial los cuerpos, bien conservados y con todas sus pertenencias. No tenemos una mínima base de datos en donde podamos guardar para siempre el relato que acompaña a cada tragedia para que así de aparecer los familiares del fallecido sepamos al menos ofrecerles algo de información.
Eso es el mayor gesto de humanidad y generosidad que puede tener una ciudad. Un gesto auténtico, real, válido y que cuesta mucho menos que colocar una estatua por la convivencia escondida en la plaza Nelson Mandela. En fin, quizá algún día aprendamos a hacer algo por los demás.






