Es cierto que la problemática en el Este de Europa no tiene visos, en cuanto a números, de ser comparables con la situación de la inmigración en Ceuta y Melilla.
Pero claro está, tanto una como otra ciudad son las únicas fronteras que tiene la UE en territorio africano y ya hemos podido comprobar, en muchas ocasiones, que han preferido mirar hacia otro lado. Mientras que con la anterior comisaría todos sabemos como terminaron las relaciones, como el rosario de la aurora, parecía que el con nuevo, un griego que conoce a la perfección lo que supone la presión de la inmigración, iba a cambiar la cosa, pero no ha sido así. Desde Marruecos está llegando una presión importante desde hace muchos meses a nuestra ciudad. El goteo de pateras, aunque sea en invierno y hasta con temporales, está siendo diario y en ocasiones hasta varias veces en una sola jornada. Hace pocos días tuvimos una entrada de ciento ochenta inmigrantes por Benzú con dos muertes y en la noche del domingo al lunes, una repetición que, incluso ha causado heridos entre las Fuerzas de Seguridad marroquíes. Bruselas está obligada a tener muy claro este tema, pero la política de avestruz no es buena, porque al final se volverá contra las instituciones comunitarias. Por tanto, confiemos en que alguna vez aprendan la lección para no pasar estas vergüenzas.





