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Brujas en España

Por Redacción
11/12/2010 - 10:30
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Somos raritos hasta para eso, porque el Profesor Pérez, no es el único que dice que no se quemaron tantas brujas en nuestras fronteras, como en el resto de Europa, sino que también postulaba lo mismo Manuel Fernández Álvarez, para mi gusto, que soy lega, uno de los mejores estudiosos del tema. Los inquisidores, tenían demasiado trabajo para preocuparse por mujeres burdas y analfabetas, porque estaban inmersos en juicios y juicos , en los que llevaban a galeras a campesinos, por maldecir o blasfemar o a iluministas, a los que sí quemaban, a judeizantes, llámese así a aquel que persistía en su fe originaria , a pesar de haber sido obligado a abjurar de ella , bajo pena de persecución y muerte , y como no,  a los moriscos, también bautizados a la fuerza , a pie de los ríos, en grupos a mansalva, a los que-encima, pasado el tiempo y siguiendo con sus costumbres- se les achacaba , entre otros males, el de ayudar a los turcos , en sus incursiones en las costas españolas.                                                                                                                                     
Las brujas, al fin y al cabo, solo eran solo mujeres, que no entraban en tratos con el diablo, de eso se guardaban mucho, a pesar de la ignorancia que le achacaban los inquisidores, porque sabían que en eso eran tajantes y que las preferían locas o imbéciles, que adoradoras y esclavas , del macho cabrio. Por eso, como no querían verse chamuscadas las cejas, ardiendo el cuerpo con ellas, ni siquiera llevaban el nombre prohibido, sino el de hechiceras, que es, como todos sabemos, mucho más socorrido , cuando lo que haces –en realidad- es curar virgos rotos o suministrar potingues de placebo , para enfermedades inexistentes o amores rotos o revenidos.
Aún así, con estos menesteres, que jamás las sacaban de la ruina, que pasaban como una maldición de madres a hijas y que les conferían el dudoso, pasaporte de gala, de no tener cobijo y ser apedreadas o excluidas de todo pueblo o sitio donde quisieran recoger sus cuerpos, pasaban por las cárceles inquisitoriales, muchas de ellas y muchas veces , teniendo cuentas pendientes, ganándose amistades y recetas cambiadas, quedando recogido en los autos inquisitoriales y en los autos de fe, que protagonizaban, en esas cárceles infames, que , además como eran secretas y con derecho a tortura, para arrancarte la verdad que no existía,  a golpe de santidad y hambre, estigmatizaban con su sola mención, a todo un pueblo sometido a ellas.
Las hechiceras , vagaban como lo hacen las mujeres libres, rotas por el destino y con sus hijos a cuestas, admitidas -con suerte- en un núcleo poblacional, no muy estricto, pero condenadas a los alrededores de los ríos ,donde la humedad de sus pobres cabañas acababa pronto con sus vidas, de maleficios de magia borras, más hechos para engañar a bobalicones , que destinados a cambiar el curso de la historia.
Si siguiéramos la vida de solo una de ellas, veríamos la imaginación al poder, la picaresca con tetas para ganarse la vida, no de busconas, porque lo mismo no tenían belleza o condición y porque si ya este era mal oficio, para una mujer , el de santa o el de criada, aún lo eran peores, en una sociedad y unos tiempos, donde las mujeres nacían plegadas a su condición y estrato social,  pero también a la vagina y la moral, derivadas de ella , que no era sino castidad y honor . La hechicera es la que remienda virgo de busconas, éstas, las que socorren a los hijos bastardos, ellas, las bastardas, las que empiezan a servir de niñas y terminan poco menos que esclavas, preñadas de hijo bastardo y cuando las fuerzas no le pueden, son  echadoras de cartas, leedoras de manos o conjuradoras de espíritus afines, males también conocidos en los conventos , donde las vocaciones eran por mandato paternal y no por fe verdadera.

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