El fuego es el principal enemigo de los montes, y la zona forestal de Ceuta tampoco escapa a este problema que en la península, y en los dos meses que llevamos oficialmente de verano, ha calcinado ya un número importante de hectáreas en Valencia o Cataluña, llevándose incluso por delante la vida de varias personas.
Sin embargo, y afortunadamente, la temporada estival en Ceuta esta siendo, por ahora, benigna para sus montes. Muchos han sido los conatos y avisos, pero el mayor susto lo dieron las llamas durante la madrugada del pasado 30 de junio, cuando arrasaron 2.000 metros cuadrados en una zona conocida como Cañada Espesa, ubicada en García Aldave, entre el Monte Ingenieros y la Loma de los Explosivos.
La ciudad de Ceuta presenta un reparto ciertamente concentrado de su masa forestal, destacando principalmente el monte Hacho, así como García Aldave, en toda su extensión. Un monte que cuenta también con sus propios vigilantes, la brigada forestal de Obimasa, dependiente directamente de la consejería de Medio Ambiente, Servicios Comunitarios y Barriadas de la Ciudad.
La principal labor de este equipo, durante la temporada estival, es impedir que los ciudadanos enciendan fuegos o barbacoas en los montes ceutíes -está prohibido desde el pasado 1 de junio, y hasta el próximo 2 de noviembre-, y sobre todo vigilar la aparición de incendios, “damos la alarma a los bomberos en cuanto vemos una columna de humo en cualquier parte de la ciudad”, explica el coordinador de la brigada, Carmelo Navarro.
Para intentar evitar que los bosques ceutíes acaben siendo pastos de las llamas, la brigada forestal realiza labores de vigilancia “todos los días de la semana, de lunes a lunes”, en dos turnos, cubriendo un total de doce horas del día.
La jornada laboral la inician tres de sus miembros a las nueve de la mañana. Armados con sus ‘walkies’ y prismáticos se apostan en uno de los dos puntos fijos de vigilancia, “monte de la Tortuga o mirador de Isabel Segunda” porque “desde allí pueden contralar casi toda la ciudad”. Sobre las doce del mediodía, dos forestales llevan a cabo lo que denominan el ‘nomadeo’, o lo que es lo mismo, pasearse por diferentes puntos del monte, mientras un tercero siempre se mantiene fijo en el puesto de vigilancia. El cambio de turno se realiza tras la comida, y es entonces cuanto entra un nuevo trío de auxiliares forestales que realizarán las mismas labores que sus compañeros hasta las nueve de la noche, hora en la que termina la jornada. Asimismo, durante cada día descansan otros tres forestales para asegurar una perfecta rotación.
La brigada debe avisar “cuanto antes mejor” a los servicios de extinción de fuegos, con el objetivo de que “todo quede en un conato y no se convierta en un incendio. El tiempo es letal”, explica Navarro. En este sentido, y este año 2012 debido a los ajustes enmarcados en los planes anticrisis, no hay retenes de bomberos en los montes ceutíes, una decisión que a criterio del coordinador de la brigada forestal “no soy quien para valorarla” aunque “cuanto más cerca estén los bomberos del fuego, mucho mejor para controlar y apagar los incendios”.
La lucha contra el fuego se inicia en la estación inviernal
La labor de la brigada forestal, dependiente de Obimasa, no solo se centra en la temporada veraniega, que quizás sea la más visible con su función diaria de vigilancia por los montes ceutíes desde el 1 de junio al 1 de noviembre. A partir de esta fecha, la brigada inicia la otra cara de su trabajo contra los incendios, y que se corresponde con la prevención. Carmelo Navarro, coordinador de la brigada explica que lo que se realizan son “trabajos servícolas” consistentes en: “hacer nuevos cortafuegos o mantener en perfecto estado los ya existentes”. También se podan los árboles, “retirándoles sus ramas mas bajas, lo que evita que se propaguen los incendios y permite el crecimiento del árbol”. Y se aligeran las masas forestales de los bosque más densos, “cortándoles árboles”. Una labor de prevención que evita incendios, y que los hacen menos voraces.






