El puerto avanza en un blindaje imperfecto en el que cada medida de seguridad que se adopta es saboteada al momento. Los intereses de ambas partes chocan en una zona erigida en segunda frontera de Ceuta, en donde la Autoridad Portuaria invierte el 80% de su presupuesto en arreglar desperfectos y quienes allí viven de manera clandestina hacen lo posible por escapar. Y en ese ‘lo posible’ está eliminar los medios que se lo pueden impedir.
Así las vallas nuevas colocadas para perimetrar toda la zona del muelle que da a las escolleras es saboteada con uso de radiales eléctricas, con las que se rompen las mallas para garantizar la comunicación entre uno y otro lado.
Entre las rocas se levantan las cabañas en donde acampan los marroquíes y argelinos que esperan el momento oportuno para colarse en los cargueros o en el barco de transporte de residuos. Para acceder sin problemas a las escolleras eliminan todos los obstáculos dispuestos, ya que allí es donde acampan y en donde permanecen a la espera de esa travesía en la que muchos consiguen fugarse y que supone la esperanza para todos ellos.
Las cámaras captan el modus operandi seguido para que, en cuestión de minutos, se lleven a cabo los boquetes necesarios para salir a las escolleras o entrar en lo que se supone es zona de acceso restringido con apercibimiento incluso de elevada sanción para quien no cumpla con la directriz. Pero eso solo vale sobre el cartel, en el día a día, todo lo que aquí sucede forma parte ya de otro mundo paralelo.
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