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Bel o la condena antes del auto

El auto dictado por la magistrada titular del juzgado de instrucción número 1 es tan claro que no deja lugar a dudas sobre la nula implicación de Yolanda Bel en un delito de prevaricación a tenor del ‘caso Kibesan’.

El documento judicial recoge consideraciones sobre las que no cabe duda alguna sobre la honorabilidad de una mujer que durante todo este tiempo ha tenido que soportar una condena cuando aún la justicia no se había posicionado. Ahora lo ha hecho y es para decretar el archivo de la causa y dejar constancia de que “nada hay que imputar a la señora Bel” dado que no ha existido “irregularidad alguna ni directa ni indirecta que enturbie el ejercicio a ella encomendado”, expone la magistrada. No hay indicios de delito, ni infracción penal cometida, ni a la popular se le puede relacionar con actuaciones irregulares. La justicia deja claro que Bel obró adecuadamente; lo que la justicia no puede enmendar, porque entre otras razones no es su cometido, es el daño moral y personal que ha tenido que padecer la consejera después de que la asociación ‘Conciencia Libre’ le denunciara y después de que partidos como el PSOE (a la deriva desde que el obsesionado de Carracao lleva sus riendas con imposiciones incluidas) la convirtieran en ejemplo de lo que no era, cargándose de un plumazo la presunción de inocencia e iniciando una campaña de desprestigio encontrando el cariño y cobijo entre los que creían haber hallado en Bel el filón para mermar al Gobierno. Tras el fracaso con el pretendido acoso y derribo buscado contra Guillermo Martínez (otra víctima de las condenas interesadas que tuvo que sufrir una campaña indecente de propagación de mentiras atentatorias contra su honor), ahora pretendían cebarse con Bel. Y lo han hecho. Desde que se presentara la denuncia en 2013 se ha publicitado con pelos y señales cada paso, cual culebrón chusquero de quienes no saben ya qué malsanas artes emplear para ganar el terreno perdido. Se han enviado cuantiosos comunicados, se ha pedido hasta la saciedad la dimisión de Bel, se le ha intentado ridiculizar. Y así hasta que ayer, conocido el archivo, todas esas críticas se han apagado, ya nadie habla. Aparecen, eso sí, los gestos cobardes de quienes son incapaces, tras el dictamen judicial, de reconocer su error y evitan comparecencias que son obligadas. Bel ha sido una auténtica víctima de una irracionalidad que superó todos los límites.

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