Hay circunstancias especiales en las que las urnas dejan de ser el único campo de batalla político. En Ceuta, el escenario electoral, hoy por hoy, es poco o nada determinante. Cuando un mismo poder se perpetúa durante décadas, controla los principales resortes institucionales, condiciona la economía y convierte la administración en el principal sustento de miles de familias. La confrontación electoral deja de desarrollarse en condiciones de verdadera igualdad. En ese momento, la batalla cambia de escenario.
Eso es, precisamente, lo que ocurre hoy en nuestra ciudad.
Durante más de veinticinco años se ha consolidado un modelo de poder profundamente personalista. Un sistema construido con paciencia, donde la progresiva desaparición del tejido económico privado ha ido acompañada de un crecimiento desproporcionado de una administración pública cada vez más dependiente de la Ciudad Autónoma.
Mientras autónomos y pequeños empresarios desaparecían, numerosos comercios cerraban sus puertas y miles de ceutíes emprendían el camino de la emigración en busca de oportunidades, el peso de la administración no ha dejado de crecer. En una ciudad donde buena parte de la actividad económica depende directa o indirectamente del sector público, quien controla el Boletín Oficial, controla también buena parte de las expectativas laborales y económicas de miles de familias. La firma de Juan Vivas se ha convertido, de facto, en el eje sobre el que gravita el futuro de una parte muy importante de la sociedad ceutí.
A esta realidad se ha unido otro fenómeno todavía más trascendente. Durante las tres últimas décadas se ha producido un proceso de sustitución demográfica favorecido por un control fronterizo insuficiente y por políticas incapaces de frenar una presión migratoria constante. Un fenómeno que Marruecos ha sabido aprovechar para modificar profundamente la realidad social de Ceuta en apenas una generación. El proceso se encuentra hoy muy avanzado y quienes gobiernan la ciudad conocen perfectamente sus consecuencias.
Muchos ceutíes somos plenamente conscientes de que esta batalla difícilmente podrá ganarse únicamente desde el ámbito local. No mientras exista una estructura política capaz de condicionar el debate público, influir sobre buena parte de la economía de la ciudad y mantener una extensa red de dependencias institucionales.
Y eso, en VOX Ceuta, lo tenemos claro desde hace mucho tiempo. Precisamente por esa razón, concedemos una importancia especial a las visitas de nuestros dirigentes nacionales y regionales. La presencia hace apenas unos días de nuestra portavoz nacional de Familia, Ainhoa García, o la reciente visita de nuestro portavoz y candidato a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Manuel Gavira, trascienden con mucho el simple acto político o la fotografía de rigor.
Su verdadero valor reside en que nos permiten mostrar la Ceuta real. La ciudad que no aparece en los actos institucionales, la que nunca forma parte de las campañas de promoción ni de los discursos oficiales. La ciudad de los barrios olvidados, de los problemas silenciados y de las consecuencias de unas políticas que llevan décadas transformando profundamente nuestra realidad.
Solo recorriendo nuestras calles, hablando con los vecinos y conociendo de primera mano la vida cotidiana es posible comprender la verdadera dimensión de los desafíos que afronta Ceuta. Solo así puede romperse la burbuja política y mediática construida durante años alrededor de la gestión de Juan Vivas. Solo así es posible entender el papel que, desde nuestro punto de vista, desempeña como una pieza esencial en la estrategia política impulsada por Pedro Sánchez en materia de inmigración. Una estrategia cuyas consecuencias se manifiestan con especial intensidad en Ceuta y que, lejos de ser una excepción, anticipa políticas que posteriormente terminan proyectándose sobre el conjunto del territorio nacional. De ese modo pueden observar con claridad que Sánchez, sí, pero también Vivas, son responsables directos de los graves problemas migratorios que padecen los municipios y las regiones de las comunidades autónomas que ahora también les toca gestionar.
Y es que, quien no conoce Ceuta sobre el terreno difícilmente puede comprender lo que realmente está ocurriendo. Por eso, resulta imprescindible que quienes tienen responsabilidades políticas en el ámbito nacional visiten nuestra ciudad, recorran aquellos lugares que nunca aparecen en las visitas oficiales y hablen con quienes viven cada día las consecuencias de unas decisiones políticas que están transformando Ceuta a una velocidad desconocida hasta hace apenas unas décadas.
La batalla decisiva por el futuro de Ceuta ya no se libra exclusivamente en nuestra ciudad. Se juega también en el Congreso de los Diputados, en el Senado, en los parlamentos y ejecutivos autonómicos y, sobre todo, en la conciencia del conjunto de los españoles. Ceuta depende en gran medida del Estado y de la solidaridad del resto de España. Precisamente por ello, su futuro ya no podrá decidirse únicamente dentro de sus límites geográficos.
Los regímenes personalistas rara vez abandonan el poder de forma voluntaria. Quien controla los recursos públicos, las contrataciones, las subvenciones y buena parte del relato institucional difícilmente renuncia a esas herramientas mientras conserve los apoyos que le permiten seguir utilizándolas. Lo estamos viendo hoy con Pedro Sánchez. También ocurre en Ceuta.
La clave consiste en aislar políticamente ese modelo de poder. Reducir sus apoyos, limitar su capacidad de influencia, someter permanentemente su gestión al escrutinio público y dificultar que los recursos de todos continúen utilizándose como instrumentos para consolidar una estructura de poder construida durante décadas.
Si España cambia, Ceuta también cambiará.
La transformación política de nuestra ciudad dependerá, en buena medida, de que exista una mayoría nacional dispuesta a revertir las políticas que han favorecido esta situación y a desmontar las estructuras que han permitido la continuidad de un mismo modelo durante más de un cuarto de siglo.
La historia demuestra que ningún régimen permanece indefinidamente cuando pierde el respaldo político, institucional y económico que lo sostiene. Ese es el verdadero terreno donde hoy se juega el futuro de Ceuta.
No únicamente en nuestras calles, sino en el conjunto de España. Allí donde todavía es posible poner fin a dos proyectos políticos que, desde ámbitos distintos, han terminado actuando de forma complementaria y reforzándose mutuamente. El encabezado por Pedro Sánchez en el Gobierno de la Nación y el representado por Juan Vivas en Ceuta.
Esa es, probablemente, la gran batalla política de los próximos años. Una batalla que exigirá perseverancia, convicción y una visión que vaya mucho más allá del estrecho perímetro de nuestra ciudad. El futuro de Ceuta ya no depende solo de Ceuta. Depende, en gran medida, del futuro de España.






