La imagen de Baldomero Santiago subiendo al escenario con la bandera gitana a su espalda el día de su graduación el pasado 19 de junio no pasó desapercibida en el Campus de la Universidad de Granada en Ceuta.
A sus 22 años, este joven ceutí, estudiante de Magisterio y especializado en Educación Física, quiso convertir uno de los días más importantes de su vida en una reivindicación contra los prejuicios que todavía pesan sobre la comunidad gitana. Además de llevar con orgullo su pertenencia.
Su gesto tenía un mensaje claro: demostrar que los estereotipos no definen el futuro de nadie. Que ser gitano no limita los sueños, las capacidades ni las metas profesionales.
“Pretendía mostrar que el gitano no es solamente unas palmas, un cante y un baile. El gitano puede ser estudioso, el gitano puede ser abogado y el gitano puede ser profesor”, dice Baldomero sobre la decisión de portar la bandera durante su graduación.
Detrás de ese momento de orgullo recogiendo su banda existe una historia de esfuerzo. Durante su etapa educativa, Baldomero tuvo que enfrentarse a comentarios que cuestionaban sus posibilidades únicamente por pertenecer a la comunidad gitana.
Parece surrealista pero le pasó a Baldomero. Siendo un joven que cursaba la ESO, llegó a escuchar frases que hoy siguen resonando en su memoria, pero que hoy sirven de lanza para quienes un día intentaron apagarlo.
“La profesora me dijo que yo por ser gitano no aprobaría su asignatura. ‘Tú eres gitano, esto para ti es muy difícil y no vas a llegar a hacer nada en la vida’, me dijo”. Estas palabras vinieron tras ser sorprendida esta profesora en clase hablando de las limitaciones de los gitanos solo por su condición gitana, sin saber que Baldomero lo era.
Lejos de rendirse, convirtió aquellas palabras en una motivación para seguir avanzando. “Y al final les demostré que podía aprobar tanto tu asignatura como todas y aquí estoy”, afirma con orgullo y contundencia.
Su historia se ha convertido en la mejor prueba de que no hay manera más efectiva de derribar prejuicios que con hechos. Cada examen aprobado, cada curso superado y cada paso dado hacia su futuro profesional han sido una respuesta silenciosa a quienes dudaron de él.
La vocación por la enseñanza acompañó a Baldomero desde muy joven. Por eso eligió estudiar Magisterio, convencido de que la educación es una de las herramientas más poderosas para transformar vidas.
“Quiero también transmitir que todo se puede, que no importa una minoría, no importa una mayoría, que todos al final somos personas y todos necesitamos enseñanza, que al final es lo más importante de la vida”.
Ese mensaje adquiere un significado especial para muchos niños y jóvenes gitanos que todavía deben enfrentarse a prejuicios o barreras sociales.
Aunque él no se considera un referente, reconoce que su experiencia puede servir de inspiración para otros.
“Yo no me considero ejemplo de nadie, pero sí es un orgullo que un gitano pequeño pues diga: ‘Este es mi primo y ha podido llegar hasta aquí y yo por él también puedo llegar”, relata.
La bandera que lució durante la graduación simbolizaba mucho más que una pertenencia cultural. Para Baldomero fue una forma de visibilizar a toda una comunidad.
“Para mí es una manera de visibilizar mi cultura, una manera de decir estamos aquí nosotros, ¿sabes lo que te digo? Y eso es un gran orgullo para mí”.
También reivindica valores que considera fundamentales dentro de la comunidad gitana, especialmente el respeto.
“Sobre todo el respeto, que al final es la base de la persona. El respeto hacia uno mismo, que es lo más importante, y hacia los demás”.
Aún le queda completar un año de prácticas antes de finalizar definitivamente su formación, pero tiene claro que seguirá estudiando y preparándose para alcanzar nuevas metas.
Asimismo, su mayor legado puede estar en el mensaje que lanza a quienes puedan verse en su situación: “Que no escuchen a nadie, que se guíen por su corazón, que las minorías existimos, pero podemos seguir adelante”.
Baldomero también quiso reservar unas palabras de agradecimiento para las personas que le tendieron la mano durante los momentos más difíciles de su etapa formativa.
En concreto, destacó el papel de Minu y Dayal, dos amigos de sus padres, Baldomero y Lourdes, a quienes considera fundamentales en su trayectoria académica.
“Son dos pilares muy importantes en mi estudio”, aseguró, recordando que cuando su familia atravesaba una situación económica complicada, ellos estuvieron presentes para ayudarle con recursos materiales y necesidades relacionadas con sus estudios.
“Siempre nos han apoyado, como cuando necesité una vez clases particulares, quien estuvo ahí fue Minu, la mujer de Dayal”.
Un gesto que Baldomero no olvida y por el que quiso expresar públicamente su gratitud: “Con ellos, impresionante. Y les doy mil gracias”.
Las palabras de Baldomero son también una llamada a terminar con los prejuicios que durante años han acompañado a la comunidad gitana. Su historia demuestra que el talento, el esfuerzo y la constancia no entienden de etiquetas.
Porque, como él mismo reivindica con orgullo, los jóvenes gitanos “podemos llegar a donde queramos”. Y su graduación, con la bandera a su espalda , es la prueba de que los sueños se alcanzan cuando nadie deja que otros decidan hasta dónde puede llegar.
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Enhorabuena!!
Con dos 🥚🥚Baldomero!!!
Enhorabuena!!!
Los gitanos son unos Crack!!!! Sus costumbres, su duende , su arte …. Yo también soy Gitano!!! De familia flamenca en Ceuta !!! Olé los gitanos bueno.