Lo dijo Larra hace casi dos siglos y su diagnóstico social sigue vigente; que no hace falta esperar a las chirigotas del Falla en Cádiz porque este es un país de máscaras y, en lo concerniente a la cosa pública, sólo hay que ponerle el oído al runrún de declaraciones políticas para concluir que aquí todo el año es carnaval. Como se acercan las municipales, se ha iniciado ya el baile de la Alcaldía, y todo el mundo está en la pista con
su máscara puesta. Pero no es música lo que suena sino estruendo, ruido, por la forzada propuesta del Partido Popular para modificar la Ley Electoral e impedir que los pactos municipales arrebaten una alcaldía al vencedor de las elecciones. ¿Elección directa de alcaldes? “¡Un golpe de mano autoritario!”, gritan unos; “el avance de la democracia esperado por los españoles”, responden otros, cada cual con su careta, desde su rincón. Nadie se pondrá de acuerdo, porque ni siquiera lo pretenden, pero el baile está asegurado. ¡Viva el carnaval!
Entre los primeros, entre los que hablan de golpe autoritario, están los dirigentes del PSOE con los que, como en una ecuación matemática, podríamos establecer una relación inversamente proporcional entre lo que dicen y lo que realmente piensan. A ver, en el PSOE lo que menos preocupa es aquello que repiten; no es la defensa de la democracia lo que les mueve, ni el pluralismo democrático, ni la voz de los ciudadanos. Lo que menos preocupa en el PSOE es la defensa de la democracia. En el cálculo político que se ha establecido se habrá llegado a la conclusión, sencillamente, de que este es un buen debate para poder colgarle al PP los carteles que mejor rentabiliza la izquierda española: “la derecha cacique”, “la derechona autoritaria”. Y con unas elecciones municipales en puertas, quién se va a resistir a la tentación de un discurso hecho con los retales de siempre.
Lo demás es secundario; se defiende la negativa a la elección directa de los alcaldes como se podría defender lo contrario, con los mismos argumentos. No se trata de política ficción. Hace 16 años, la ejecutiva federal del PSOE defendía todo lo contrario. El entonces secretario de Política Municipal del PSOE, Alfonso Perales, tristemente fallecido, decía: “La elección directa de los alcaldes supone una transformación profunda de los ayuntamientos, una apuesta por la estabilidad”.





