Una simple mano, una voz que ayuda, puede dar cabida a una sintonía, donde toda la conjunción es una pura melodía de amor, dulzura, ternura y confianza de que lo que se hace es una erupción simbólica de dar a nuestros semejantes algo que tenemos y que nos sobra, pero que a ese desconocido le hace falta, por no confiar en lo que tiene.
Muchos predican, otros actúan, más lo evidente es dar, sin pensar en ese trueque que nos valdrá a ambos contendientes.
Cierra los ojos y ve cómo las luciérnagas se activan, dan luz en el camino oscuro, y tú con la boca abierta, das gracias a Dios y a la fiel Naturaleza, por su aportación a poder ver en la oscuridad, esa que nos hemos encontrado, y que desesperados no sabemos salir de ella.
Más un canto hemos escuchado, y un ánimo nos han inculcado, y con ese manjar de la felicidad hemos cabalgado hacia campos llenos de espigas, y con una luz tan fuerte que hemos llegado a ver hasta el mismísimo Creador.
Las lágrimas son de agradecimiento por ver, escuchar, sentir, tantas emociones juntas, y los asistentes, no han podido creer, pero entienden que ha habido un verdadero milagro, que han sido testigos únicos, de algo inimaginable, sublime y melancólico, pero que nos hace reír, y llorar, ser una persona en plenitud de amar algo que nunca ha visto, la plena felicidad, la unión para sentir y disfrutar de algo tan bello como es el amor de los amores de aquello que vino y todos desean retener, para no desear en el futuro.
Amor, acción y ganas de sentir tanto esplendor.
Luz que nos ilumina, y un síntoma de alegría absoluta.






