Autor: Ana Isabel Espinosa

Wonder Woman

Aestas alturas ya estamos curadas de espanto. Hemos currado el curso escolar y ahora los tenemos en la chepa. Los vivimos como si fuera propia piel, no sé muy bien si porque nuestra propia vida es miserable o porque nos importa un haba. A un par de  colegios sevillanos les han puesto cuantiosas multas por superar el nivel de ruidos permitidos por los partidos de los críos, pero nosotras sabemos- de primera mano – que si no hay ruido no hay vida, sordas perdidas por los gritos que le damos a nuestra prole cuando hacen magia deportiva en las canchas.  No importa la edad que tengan porque sufrimos igual por un cólico del lactante que por una muñeca dislocada en plena ferocidad de encontronazo en campeonatos provinciales. Da igual que les den por las ciencias, que nos maten de indignación por las repeticiones de curso  o que vayamos tras ellos en peregrinación por los deportes, porque seguimos deschancletadas y prestas como las fanáticas que somos sentadas a la puerta del Centro, tomando el cafelito con las amigas o en las gradas adornadas con los tambores de guerra. No tenemos afanes más que los de ellos, ni futuro más que verlos brillar en la sandez más grande que se propongan. Llega un momento que se te despegan porque tienen sus propios amigos y solo sirves de transportista sin el morbo...

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Finales felices

La mujer de sesenta que fue agredida por un utrerano de 23, llevará dobles férulas porque le ha roto las dos muñecas. No es un final feliz porque no existen, ni la justicia repara lo que está definitivamente machacado. Se nos muere la esperanza a cachos enormes, porque nos desangramos en esta vida que no es más que un patear incesantemente. El utrerano probará la trena y ella se dolerá- quizás de por vida- de esas roturas que dejan huella. Debe ser que nos pasa factura el final del colegio amargándonos  de igual modo que nos alivia. Al no ser profesores, los padres que sufrimos de hijos menores no vemos la ventaja en un verano que nos agrieta las horas teniendo que hacer lo mismo que hacíamos mientras ellos estaban en el colegio, pero ahora además con ellos de actividades presentes. Buscamos soluciones. Por ello a la puerta de los colegios- solo es llegar primeros de junio -ya nos ofrecen desde cursos de pastelerías infantiles hasta enseñarles a ser los científicos del futuro.                                                                                                           Nunca llego al punto de saber si lo que buscamos es tener niños perfectos o quizás quitárnoslos de en medio. No me aclaro- se lo confieso- si cuando los padres chillan como una sola voz primitiva en un partido de baloncesto es porque desean que sus hijos ganen o para que los otros pierdan.                                                                                     Tampoco voy...

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Rebujito férreo

Si te dedicas al trapicheo de droga para ganarte el condumio, no vas a meterte en vena nada que no sea de lo más puro. Otra cosa sería de tontos que para algo eres el que menea el cotarro. Chano ha muerto como había vivido entre rebujitos y cocas aspiradas a saco. Lo han encontrado seco porque se había convidado en firme dándose una manoletina mirando al ruedo. No saben las fuerzas  de seguridad quién heredará su miseria pero sí que morir así no vale la pena. Ellos que llevan botas reglamentarias en pies hastiados, que patean asfaltos inflamados de calor y se desloman a lluvias intempestivas, no le ven la chicha a esto de negociar con la muerte a horcajadas. Está bien porque cuando le ven el lado interesado a los euros fáciles transmutan y se convierten en ajenos que no tienen más pulseras que esposas en las manos y ya se sabe cómo acaba un uniformado hospedado en la trena. Los que trafican a pequeña escala son como las farmacias de guardia, abiertos las 24 horas siempre con la mercancía a cuestas. Chano se ha quedado bacalao porque estaba destinado a ello, porque probaba su intendencia y hacía maridaje con ella. No sabemos si lo que lo matado , al ser tan puro, tenía el gusto de un beluga o la estirpe de un caballo árabe, pero...

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Jenaro

A mi Jenaro me pone, no como persona sino como personaje. Díganme cómo no podría encandilarme alguien que se inventa su muerte y le sale mal cuando lo cogen en plena pasión húngara. Sé que paga pena de prisión por gustarle jugar con lo ajeno, pero lo novelesco se impone como en el caso de Julián Muñoz de paseo por Marbella abriendo zapaterías para la Pantoja. Tenemos un país de panderetas políticas, de gente corrupta que solo destina dinero a cuentas opacas y vive extremadamente bien , pero ni fingen muertes ni salen con Reinas de la belleza. Estamos hastiados de Bancos que se esfuman de la noche a la mañana con mensajes del ultramundo económico de habemus quiebra, para que los bajistas se forren los bolsillos vendiendo los despojos del muerto. Hay muchos que declararon con amnistía lo que tenían fuera de nuestras fronteras y lo hicieron con menos coste , no solo ya legal sino monetario, que los que siempre pagamos . Ahora sentencias dirán que estuvo mal, pero lo que está hecho, hecho está  y alguien se frotará tan fuerte las manos que le saldrán billetes de quinientos euros. Por qué no entonces personajes de novela negra como el Tenebroso o Jenaro, o Julián Muñoz o la Campanario no van a ser encandiladores de una sociedad que nos fagocita en la cara. De lujo se lo...

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No es otro más

Ha muerto un crío sin cumplir un año, porque los vecinos no llamaron a tiempo cuando su padre propinaba una paliza a su madre. Es duro, lo sé, pero cierto. No sería la primera paliza, sino la última. Si es que no sale de la cárcel por argucias legales y se vuelven a liar otra vez.   Se la encontraron en la calle días antes, apalizada, pero nadie denunció, ni se fue a la comisaría de policía, ni se metió en la vida de nadie porque ellos siguieron juntos y el niño era una monería. Ha muerto un crío porque la policía no llegó a tiempo, porque esperó en la puerta hasta que el supuesto les franqueó la entada, ya su crío muerto dentro. Después se horrorizaron y se les quebró el día y pensaron que “ojalá hubieran tirado  la puerta a porrazos”, pero ya era demasiado tarde. Luego se perdonaron diciendo que “cuando llamaron los vecinos seguro que ya estaría muerto, que era el protocolo que había que cambiarlo y que no podían entrar en una casa sin orden judicial”. También hubo quien dijo que “quién lo hubiera pensado”. Ha muerto un crío porque su madre no le protegió de alguien que le cercenó la vida, porque no dijo que le pegaba hasta quitarle la respiración. Porque siguió junto a él muerta de miedo o enamorada perdida, a saber...

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Sociales

Sé que es asignatura esencial en nuestra vida de humanos, pero – para mí-está muy sobrevalorada. Prefiero una huida del parque donde acampan los frikis del salón Manga, que una escapada a tiempo de la Feria de Primavera. No le veo la chicha -ya ven- ni a cumpleaños escolares, ni a despedidas de solteras, ni a la reentré de nuevas divorciadas, tampoco a todo tipo de celebraciones- más o menos- religiosas. Ni siquiera le saco el magro a que estos eventos suelen llevar aparejados el condumio, que no es poco. Ayer sin más trazas me encontré de cicerone de los míos y un par prestados- albero arriba , albero abajo-en las intrincadas calles segueteadas de agua cimarrona. No es la feria en sí, es el ruido que no te deja escuchar ni un par de palabras. Les concederé que los de diez años, poco tienen que decir más que malgastar vida sobrada en risotadas y peticiones, pero hasta eso es mejor que el atronamiento de gente chillando, vestidos de fiesta, con ganas de armarla y pasar de todo. No es la mansalva de precios, ni las tómbolas donde no toca nada, no son los cacharros, que no sé si me da más miedo pensar en que se pueden caer o el vértigo que se me pega al paladar solo verlos emprender el vuelo. No lo es y lo es...

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Soledades

Mi padre siempre fue hombre activo, pero la edad se le ha echado a la chepa aficionándolo al plasma. Se me queja de la corrupción y los marujeos porque siempre prefirió el trabajo que sentarse a verlas venir. Solo lo vi feliz cabalgando sobre las olas, con más de cuarenta, cabreando a mi madre por su afición tardía al wind surf. No había levante que no tragáramos, ni camping que no pateáramos. Yo prefería las piscinas, él las playas. Ahora con más de ochenta lucidos en sus recuerdos, se pasa las tardes viendo elucubrar a ociosos de la palabra- y los gestos- que jamás sabrán lo que es doblar la espalda- ni peregrinar- para llevártelo calentito a casa. Es postureo y compañía lo que dan a plazos contados en los pixeles enlatados. Es la vida de los demás- retransmitida- lo que a muchos les da tono, porque les hace sentirse amados y en compañía. Es el negocio del siglo, más que los crucerista de pulsera o el comercio de toda la vida. Más que el turismo de botellón o la prostitución encubierta. Manos limpias y mucha jeta y pasárselo bien a costa de hinchar las cuentas corrientes que no hay como nacer con blandura cerebral y muy poca vergüenza para hacerse político de comisiones o actriz de reality encubierta.  La vida nos fagocita sin importarle apenas quiénes fuimos o...

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De juguete

Se guardó la pistola del niño en el bolso y echó a andar camino del mercado. Se había tomado el anafranil pero no le había hecho efecto. Lo notaba en que llevaba la cuenta del número de gente con zapatos marrones que se había cruzado.  Eran tres con el abuelo que solo tenía una pierna. A ese se lo cruzaba todos los días porque compraban la barra de pan en el mismo chino que hacía esquina con la calle Pelota. Le mandaron el antidepresivo cuando la dejó Juan porque decía que estaba más loca que su madre, una viuda que hacía crucigramas mientras espiaba a los vecinos.  “Su madre no está loca”- le repetía su psicóloga cuando iba a su cita. Tampoco ella más que de amor no correspondido como las protagonistas de las telenovelas. Juan siempre había sido un borrego a quien su madre le consentía todo. También se lo consintió ella para que no la dejara, pero al final no funcionó. Por eso iba ahora enfundada en las mallas que compró en el mercadillo, con el bolso bien enganchado en la cadera y la pistola del niño apalabrada en el fondo.  No la sacó solo entrar, porque se tuvo que secar el sudor de la frente y la mano terminó mojada. Pensó en positivo justo como le había dicho la psicóloga. Luego hundió la mano en el...

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Intrusos

Se coló hasta la cocina- un insolvente- en el yate de un magnate. No es coña barbera sino verídico, pero acepto que típicamente gaditano.  Si no me creen apunten: Tenemos la bicoca que un magnate aparque el yate en nuestro Puerto, deje caer que puede quedarse y se les cuela un intruso y le trastea la cocina. Se mosquea como es normal y se larga a Marruecos, aunque –después del suceso- la Autoridad Portuaria le había puesto un guarda de seguridad enclavado en la escalerilla de entrada. Pagaba el jeque más de 27000 euros al mes,  lo que da para mucho en una ciudad en la que el paro cabalga a su aire.   El intruso es insolvente como no podía ser de otro modo, porque si no por qué iba a entrar -como Mateo por su casa- en el yate, lo mismo con la peregrina idea de hacerse un par de huevos fritos.  Si trabajara o tuviera patrimonio lo miraría desde lejos, jorobado o admirado, tieso para comprarse una barquita con que navegar por la Bahía , con la declaración de la renta apretando ya fuerte y los pagos mensuales de la hipoteca y la Visa. El “Yas”- que así se llama el megayate- se nos ha mudado a otros lares más asegurados y defensivos para la propiedad privada, las cocinas ajenas y la intimidad de sus propietarios. No...

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Corazas

Hay por ahí mucho animal suelto que se cree inmortal caminando sobre las aguas. Hay mucho descerebrado que nada más que piensa en cómo hacer daño, sin importarle las consecuencias. El presunto que ha intentado matar a su ex mujer en Sevilla lo prueba. No porque digan los forenses que es egocéntrico y explosivo, sino porque se fue desde Córdoba- donde reside- hasta Sevilla solo con la idea de clavetearla con el cuchillo- que llevaba encima -de 19 centímetros. No lo consiguió porque la gente ayuda cuando – desgraciadamente- estamos en peligro  y porque la victima ya sobrevivió a un ataque anterior de la misma caladura.                          Le habían quedado cicatrices tan brutales que le han servido de coraza, haciendo que la hoja del cuchillo no taladrase la yugular, matándola en el acto. No me extraño- ya no- porque hay gente que se cree que todo lo puede y todo le está permitido solo por sostenerse a dos patas.                                                                                            Ya – fíjense- hilo en este tema tan fino que me molesta la foto de una jefa de prensa de la policía nacional, en la portada de un rotativo, pareciendo azafata al indicar a los gobernantes por dónde tienen que ir.                                                                                            Será una chuscada, pero me molesta, porque las mujeres tenemos que demostrar a cada paso que estamos ahí por méritos propios, por entrega y por valía, para luego en un...

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