Opinión

Atreverse a osar

Afirmar que estamos inmersas en una absoluta involución política y social resulta tan evidente que, aseverarlo en este H2SO4, puede llegar a sonar reiterativo. Desgraciadamente, no por ello deja de ser cierto.

El brutal avance de los nacionalismos y de la extrema derecha en toda Europa va anunciando el color de un futuro que cada vez se torna más negro luto.

En todo este proceso no es ajeno el nuevo zar de todas las rusias. El presidente Putin que, con total impunidad, se anexionó Crimea ante la pasividad de todas (¿esto no os recuerda otras anexiones en los años 30 y 40?) está alimentando económicamente a los partidos de corte fascista europeos, en concreto al Front National de Marine Le Pen, quien lamentablemente tiene todos los visos de ser la próxima presidenta de la República Francesa. Su política xenófoba y su intención de sacar a Francia de la UE con un discurso ultranacionalista hace revivir la diabólica figura de Pétain. Miedo.

Así, Vladimir Putin, empeñado en dinamitar la Unión Europa para transformarse en el nuevo emperador a ambos lados de los Urales, no repara ni en gastos ni en medios para lograrlo. Participa activamente en conflictos para hacer avanzar sus piezas en el tablero de ajedrez geopolítico internacional, al tiempo que lleva a cabo una guerra de la información sin cuartel en las publicaciones digitales.

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico el panorama pinta igual de mal. Trump tampoco necesita presentación. No sólo impulsa todo tipo de políticas regresivas en su país, sino que todo parece indicar que está preparando un nuevo Yalta entre el Kremlin y la Casa Blanca. Al tiempo.

Mientras, nosotras, aquí en España, seguimos sin reaccionar ante el siniestro viaje que nos conduce inexorablemente a un Medievo intelectual y social.

Los partidos tradicionales continúan con sus luchas internas y corrupciones, circunstancias que ahuyentan, aún más si cabe, a las ciudadanas, de la participación en la política. A su vez, esto provoca que los partidos cada vez sean más cotos privados de cuatro cacicas, sea cual sea su ideología y siglas. Cierto es que hay excepciones, pero son pocas y abocadas a morir en la hoguera de los intereses mezquinos.

Claro que si nos fijamos en aquellas que acaban de salir del cascarón de las urnas, podemos comprobar que, aun con pocos meses de vida, ya se van desangrando en luchas cainitas, algo que viene a reforzar lo que clamaban las anarquistas: “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Axioma.

Pero, una vez evidenciada la porquería interna y externa que nos invade, la inevitable pregunta es: ¿Y ahora, qué?

Como haría cualquier facultativa, no es suficiente sólo con diagnosticar la patología, sino que deben aportarse soluciones para curar.

Parafraseando a Gabriel Celaya, ha llegado el momento de demostrar que, entre todas, somos capaces de construir algo nuevo: una sociedad libre de todo tipo de adoctrinamientos, de cualquier dogma y de esos poderes podridos por las codicias, siempre al servicio de las que más tienen.

Como ya dijo acertadamente Ricardo Mella: la Libertad deberá ser la base, la Igualdad el medio y la Fraternidad el fin, con la Laicidad como soporte vital del crecimiento de una humanidad limpia de condicionamientos.

Despojadas de los grilletes que nos amarran a una trucada realidad, ¿seremos por fin capaces de ver que tenemos la capacidad de gobernarnos a nosotras mismas?

Si alguien pusiese en duda esa afirmación tocaría replicar: ¿si no sabemos dirigir nuestros propios destinos sin intermediarias, por qué una élite sí lo puede hacer por nosotras? ¿No parece una tremenda incongruencia?

En tiempos no tan pretéritos, ni tan olvidados, otras pusieron en práctica el mundo nuevo que llevaban en sus corazones. Parece, pues, que ha llegado la hora de ponernos manos a la obra y empezar a construir algo nuevo.

Debemos transformarnos, con las herramientas que tengamos a mano, en las arquitectas de nuestro futuro, si es que realmente deseamos que exista futuro. De lo contrario, de continuar en la postura de encefalograma ideológico plano en la que estamos inmersas, otras se van a encargar (de hecho, ya lo hacen) de escribirnos con letras de sangre lo que inexorablemente está por llegar.

No nos queda más remedio que atrevernos a osar y demostrar que somos capaces de pensar y actuar por nosotras mismas sin que nadie nos continúe conduciendo, mansamente, por los sempiternos caminos que llevan a Roma.

Como siempre, usted sabrá lo que más le conviene, pero cada vez resulta más evidente que, o bien nosotras edificamos nuestras vidas u otras construirán las cárceles para amontonarnos en ellas.

El dilema de ser o no ser está más candente que nunca. O ahora es la hora, o nunca lo será.

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