El reciente ataque a una mujer por parte de un perro considerado potencialmente peligroso pone el foco de atención en un asunto al que no hacemos caso no por desconocimiento sino por mera dejadez. Se permiten demasiadas cosas en este pueblo que luego tienen consecuencias negativas para todos.
No es la raza sino la forma en que se trate a ese can y el destino que realmente se le quiera dar. Aplicando la cobardía que impera en muchos ámbitos de la vida, se ejerce un descontrol absoluto sobre los dueños de razas de ‘las de moda’ a sabiendas de que no los mantienen adecuadamente y bajo sospecha de una tenencia para fines que nada tienen que ver con la dispensa de un animal de compañía.
Pasamos del pit bull al malinois. Las razas de moda que luego terminan de aquella manera: abandonados, con crías descontroladas o agresivos por un nefasto cuidado. El nulo control que se tiene sobre la tenencia de animales deriva en sucesos como el de ahora, protagonizado en este caso por un dogo argentino. Hace poco un par de canes terminaron acribillados a balazos por la Policía Nacional por atacar a personas cerca de Loma Colmenar.
Como siempre nos quedamos con el suceso, o mejor dicho con el resultado final de ese suceso. Pero nada sabemos del tipo de actuación que tienen las áreas competentes con los dueños de los canes ni tampoco de la existencia de fórmulas preventivas para evitar que lleguemos a este tipo de situaciones. Existe una normativa oficial que queda en papel mojado. Eso de tener que llevar al animal con bozal y no soltarlo en determinados sitios no se cumple porque nunca se sanciona. Impera por tanto la ley de la selva.
Lo grave es que los dueños de estos perros saben perfectamente que incumplen la normativa pero también se jactan de no ser perseguidos ni sancionados por ello.
Así tenemos estos resultados con la criminalización hacia determinadas razas que esto conlleva. No se actúa por una dejadez de libro.






