El Ministerio del Interior ofrecía este martes el balance migratorio completo correspondiente a 2022. Un balance que pronto fue utilizado por las distintas delegaciones del Gobierno para hacer su reinterpretación de los datos porcentuales obviando las miras hacia las asignaturas pendientes que se tienen para con Ceuta. Asignaturas como la tan necesaria actuación en los espigones que se han convertido en las vías de entrada para jóvenes pero también menores que arriesgan sus vidas, que las llevan al límite.
El mayor número de muertes ha tenido lugar en el mar y todas ellas son asociadas a intentos de cruce bordeando Tarajal y Benzú. Con la tragedia del 6F, Interior hasta difundió el proyecto que se iba a ejecutar en esta zona. Proyecto que nunca se hizo y que fue empleado únicamente como imagen, como venta de impacto ante lo que se había producido.
La presión migratoria por vía terrestre está asociada más a esas entradas que a las de las vallas, pero aun así no se interviene como se debe para garantizar sobre todo una seguridad que venga a repercutir sobre los propios inmigrantes que quieren cruzar a nuestra ciudad evitando muertes y desapariciones.
Ante la difusión de balances positivos cabe la reflexión sobre qué no se está haciendo y por qué esa inacción está provocando las consecuencias que tenemos y que tan fatídicamente repercuten.






