Si los ceutíes vieran lo que ven los agentes del Servicio Marítimo en el mar constatarían la gravedad de la presión migratoria que afecta a Ceuta. La estrecha línea que separa la vida de la muerte, cómo se la juegan para evitar más desgracias de las que ya de por sí se suceden en esta frontera sur.
El mar se empeña en atrapar vidas y ese mar, revuelto, se presenta como el principal obstáculo para que las maniobras de rescate puedan resultar de forma positiva.
A pesar de esas cuantiosas trabas en el agua, los integrantes del Servicio Marítimo de Ceuta, con los medios ajustados, con recursos llevados al límite, logran que las cifras de muertes, ya de por sí demoledoras, no constituyan una mayor tragedia de la alcanzada.
Las trincheras que conforman esta frontera sur en donde nada funciona como debiera se sortean gracias a la implicación de personas que se la juegan para salvar a inmigrantes en el mar, con maniobras llevadas al límite.
Realidades emocionalmente complicadas
En el mar se ve lo que resulta inapreciable desde tierra. En el mar los agentes se topan frente a frente con realidades emocionalmente complicadas de asimilar, con jóvenes a los que el mar atrapa, con menores que desaparecen.
El día a día se tiñe de imágenes duras que quedan en la memoria de quienes tienen que luchar con una situación que lleva tiempo descontrolada, hasta el punto de normalizarse lo que no se debe. Esas sensaciones cada uno se las lleva a casa, las malas, las buenas y las que pudieron derivar en sucesos complejos. Porque en el mar pasa de todo.
Hombres, mujeres, niños, personas que presentan algún tipo de discapacidad buscan el mismo objetivo: entrar a nado en Ceuta. Son momentos al límite en donde la rapidez en las actuaciones supone que alguien siga con vida. Eso es oro en el mar.
La línea fronteriza llevada al límite
Lo que no se cuenta no existe y en el mar pasan demasiadas cosas que no trascienden. Ceuta es la línea fronteriza más tensionada de toda España, se están produciendo situaciones extremas marcadas por el límite que se disfrazan de rutina cuando no debiera ser así.
Interior sigue difundiendo solo datos de entradas. Esta noche ha habido más de cien intentos de pase que no figurarán en las estadísticas, pero que han dado pie a una madrugada de muchísima tensión.
Los agentes de la Guardia Civil lidian una batalla con medios demasiado ajustados, con vehículos al límite y con embarcaciones impropias para un Servicio Marítimo que fue líder prácticamente en todo el país en su lucha contra el narco y los traficantes de personas.
En estas trincheras nada funciona como debe, tampoco se aprecia lo que realmente está ocurriendo en noches marcadas por las complicaciones constantes.






La vida se la juegan los que huyen de la miseria buscando un mundo donde poder vivir en paz. Los guardias civiles solo hacen su trabajo y se juegan la vida voluntariamente, si no, hubieran elegido otra profesión de menos riesgo.