Opinión

Así en el cielo como en la Tierra

Celebramos en ‘El Cielo’ la jubilación de 9 compañeros del ‘Camoens’. Yo hubiera podido ser el décimo pero el vértigo de lo desconocido me ha hecho esperar un año más.

Nunca había estado en una jubilación tan multitudinaria: fotos, besos, abrazos, voces entrecortadas, alegría y emoción a raudales. Las palabras sobran cuando los sentimientos son los protagonistas, cuando se quieren comprimir más de treinta años de trabajo en un discurso de apenas dos minutos.

Pensé, mientras capturaba imágenes con la cámara del móvil, los años de docencia que sumaban entre los 9 compañeros y compañeras...casi 300 año, 45.000 alumnos, 265.000 horas de clase.

Son números, cifras, pero detrás de ellos se esconden docentes que apostaron por formar a generaciones, que se adaptaron a los cambios, a las leyes educativas y a distintas formas de llevar la pedagogía a las aulas.

Los centros educativos son el futuro de una sociedad cada vez más compleja, son las raíces profundas, los pilares que sostienen el mundo que habitamos, los caminos en todas las direcciones, los proyectos para conseguir que, entre todos, podamos acercarnos a la utopía de la libertad, de la justicia, de la tolerancia y del conocimiento.

Vivieron una dictadura, la transición política, una democracia y una revolución tecnológica sin precedentes. Y ahí han estado, al pie del cañón, mirando a un mañana que se renueva cada curso.

Los enseñantes nunca dejan de serlo, crepita en ellos el interés por conocer, por aprender y enseñar.

El ‘Camoens’ cumple 30 años y los profesores veteranos dan el relevo, entregan la antorcha a otros nuevos docentes para que sigan conquistando otros retos.

Ahora llega otra etapa de la vida: saborear el tiempo, los días sin horas, los meses sin años. Los lunes sin martes, las noches en las que amanece en cualquier momento.

Es la recompensa, una victoria laureada por la satisfacción de haber llegado al final de una etapa y comenzar otra.

Habitar la posibilidad de la felicidad, la satisfacción de haber dejado huella en tantos chicos y chicas que recordamos y que nos recordarán.

Mientras oíamos las palabras de los homenajeados, los aplausos, las risas tímidas y las voces cálidas, firmes, entrecortadas y ceremoniosas, sentimos la nostalgia que es la alegría de estar tristes.

Va por ellos y ellas, va por todo lo que nos han dado, todo un legado intangible e impagable que sembraron aquí en " el Cielo" como en la tierra".

Rafa, Mercedes, Mari Carmen, Jose Miguel, Pepe, Ana, Pascui, Inma y Antonio.

¡Hasta siempre! El Camoens es nuestra Ítaca.

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