El domingo pasado tuve la suerte de presenciar algo muy especial. Uno de esos momentos que se te quedan grabados para siempre. Volví, una vez más, a recordar la suerte que tuvimos de vivir 8 años en Ceuta y sentirme caballa, la suerte de disfrutar de un partido de fútbol, pero esta vez con una emoción especial: después de 46 años… Ceuta vuelve al fútbol profesional.
Ya estuve en Jerez (en el ascenso a 2 REF) y no podíamos perdernos el posible ascenso en Fuenlabrada a segunda división.
El esfuerzo y la ilusión de una ciudad, tuvo recompensa por su increíble y titánico esfuerzo. Y tuvimos la suerte de vivirlo en directo acompañados de muchos ceutíes que viajaron expresamente para apoyar y animar a su equipo, con muchos kilómetros de viaje.
Viviendo en Ceuta nos gustaba acudir al Murube y, cuando no, al Guillermo Molina. Supongo que será de ahí de donde mis hijos adquirieron esa ilusión por el Ceuta y le siguen la pista a día de hoy. Así que, como imaginaréis, ver este domingo otro nuevo ascenso fue una alegría inmensa. Muchos años, mucho esfuerzo y una ciudad volcada con el proyecto que encabeza Luhay Hamido (ese al que los demás llamamos “loco”, pero que ha sido capaz de hacer algo histórico). Fue muy conmovedor verlo a él, a Edu Villegas o a Juan Vivas (siempre soñó con ver al Ceuta en la categoría profesional) emocionados en esos últimos minutos. Bueno, Edu sufrió prácticamente toda la segunda parte.
Me permitió por algunos minutos recordar mi etapa como portero y la tensión que vivía cuando jugaba, pero también la felicidad que representa el deporte. Recordé cuando visité por vez primera Ceuta, en el Pabellón La Libertad. Esa fue mi primera experiencia con la hinchada caballa -en el fútbol sala-. Ese espíritu sigue intacto, no se dejó nada por parte de los jugadores y mucho menos por la afición.
Es, sin duda, una experiencia ilusionante. Estar en la Liga Hypermotion significa estar entre los 42 mejores equipos de España, posicionar al equipo y sobre todo, un reconocimiento al buen proyecto desarrollado todos estos años. Más que merecido. Un pitido final y una celebración que puso de manifiesto la hermandad que solo entiende quienes han pasado por Ceuta.
Este proyecto ha demostrado que el esfuerzo merece la pena, que el trabajo merece la pena, que el compromiso merece la pena y estoy seguro que supondrá cosas positivas para todos los caballas.
El fútbol siempre trae vivencias únicas, y para los que hemos seguido a Aisar Ahmed desde que era un niño y marchó al Betis hasta hoy, sabiendo todo lo que ha superado, es un “gracias al fútbol” porque el año que viene lo veremos correr y “tirar caños” por Riazor, La Rosaleda, El Molinón, La Romareda, Zorrilla…
Y para los que no habéis vivido nunca en Ceuta y siempre preguntáis como es la experiencia, os animo a escuchar la entrevista del míster José Juan Romero con Juanma Castaño, y entenderéis el porqué somos tan afortunados los que pasamos por Ceuta.
A veces, el fútbol consigue algo que casi nada logra: unir a toda una ciudad, ponerla a soñar, recordar lo importante que es creer en los proyectos a largo plazo y no olvidar que solos vamos más rápidos pero juntos llegamos más lejos. Ya lo pudimos ver en la Eurocopa, un país unido en torno a una misma ilusión. Recordad que la diferencia entre la locura y la genialidad es el éxito.
No abandonemos la locura.
Desde aquí solo puedo decir: gracias. Gracias por hacernos sentir, una vez más, tan cerca de casa.
Nos vemos en Segunda y con la locura de los soñadores…
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