Aróstegui, una de las figuras más destacadas de la comunidad educativa local tanto por su papel como sindicalista como por su experiencia docente, sigue cargando contra la Administración y pide compromiso.
Juan Luis Aróstegui, director del instituto Puertas del Campo y presidente de la Junta de Personal Docente, está viviendo uno de los inicios de curso escolar más complicados de los últimos años. Recortes en todo el país y un panorama educativo local desalentador provocan que el profesorado esté inquieto. Él, como máximo representante de los docentes, ha dado un paso al frente para denunciar -una vez más- la falta de implicación de la Administración con Ceuta.
–¿Cuál es el estado de la educación en Ceuta?
–Creo que la educación en Ceuta tiene una serie de problemas estructurales muy serios que no se solucionan porque estamos en una ciudad muy cobarde a la hora de enfrentarse a las situaciones graves. Cualquier decisión que haga dudar sobre el estatus general de muchas personas crea vértigo. Además, nos encontramos con que la política educativa que dirigen desde Madrid no da resultado. No hay un interés muy serio por parte de los gobiernos, ni del actual, ni del pasado, ni del que venga, por los asuntos que afectan a Ceuta. Cada Administración nueva lo que intenta es cubrir el expediente con pocos sobresaltos, pero sin ningún interés por cambiar el curso de los acontecimientos. El fracaso escolar en la ciudad es escandaloso, pero es escandaloso en una parte concreta de la población. Y como quien domina y controla la marcha de la ciudad no tiene mucho interés en que estas cosas se solucionen, pues nunca se adoptan medidas.
–Entonces el problema que existe viene de la propia forma de ser la ciudad...
–¿Se puede entender que Ceuta sea el único lugar de España que, contraviniendo lo que dice la Ley, en los centros privados haya Educación Primaria y Secundaria en el mismo colegio? Esto no sucede en ninguna parte. Pero es que aquí el Ministerio impuso, cuando había problemas para hacerlo, que todos los niños pasaran a los institutos porque así lo mandaba la Ley. Sin embargo, la enseñanza privada-concertada está exenta del cumplimiento de la Ley. Hay una especie de subterfugio. Lo que hacen es decir que son un colegio, que tienen directivas separadas, pero en realidad son dos a la vez... vamos, que no deja de ser una trampa, un fraude a la Ley. En los colegios privados de Ceuta el niño entra en Infantil y sale en Bachiller. ¿Es una casualidad, un hecho fortuito, no tiene trascendencia o es que se protege a determinados alumnos para que no tengan que ver su marcha académica perturbada hasta que lleguen al Bachillerato? Resolver esta situación sería salirse del discurso oficial y no interesa. En esta ciudad no pasa nada. Quieren hacernos creer que somos un modelo de convivencia, en la que todo el mundo se entiende perfectamente y el hecho de que haya una red privada-concertada al margen de la Ley que recoge a una determinada población y a otra no, es una anécdota.
–¿La clave es la diversidad?
–Ceuta tiene un alto volumen de población escolar que necesita una atención personalizada. La clave del sistema educativo es el reconocimiento a la diversidad en todos sus grados y prestarle una atención adecuada. Esto cuesta trabajo y lo cierto es que aquí se hace todo de una manera mecánica y muy encorsetada. Ceuta es una ciudad que tiene una realidad social muy compleja que requiere un sistema educativo a medida. ¿A quién corresponde hacer ésto? Pues a la comunidad educativa, pero ¿tiene medios para poder canalizar la situación? No.
–¿El Foro de la Educación no es esa vía de canalización?
–Recuerdo que nos pusimos muy contentos cuando se atendió nuestra petición para la creación de un Foro por la Educación y resultó que al final no era tal. Simplemente se trata de una herramienta más de la Administración para impedir cualquier posibilidad de cambio. Crearon el Foro, pero en el mismo decreto con el que lo hicieron nacer lo mataron. Al final se demostró que simplemente era una muleta más de la Administración que lo único que pretendía era seguir diciendo que ellos hacen muchas cosas, que se esfuerzan mucho y que todo lo hacen bien, mientras que la realidad es la que es. Por eso creo que nunca ha existido la posibilidad de explicar cuáles son los problemas que se tienen y, sobre todo, buscarles una solución.
–¿Y qué se puede hacer?
–El sistema educativo de Ceuta es exactamente igual al que se puede aplicar en Las Rozas, donde estudia el hijo del señor (José) Blanco en Madrid. ¿Tiene algo que ver lo que pasa allí con lo que pasa aquí? El problema es que el sistema debe ser un instrumento, nunca un fin. Si el instrumento no es adecuado a la finalidad que se busca el instrumento no sirve. Habría que dar un cambio radical, sobre todo en edades tempranas, ya que desde mi punto de vista el problema más grave sigue estando en los colectivos más vulnerables, que son más propicios al fracaso escolar. Se quiera reconocer o no, el conocimiento de la lengua es básico, y ese es un problema en Ceuta. Si esto no se aprende en la fase inicial difícilmente se podrá luego corregir. El problema es que en la ciudad no hay una planificación metodológica y didáctica que ataque directamente la cuestión y, además, el tema de la ratio lo complica todo mucho más.
–Definitivamente, ¿tienen solución los problemas del sistema educativo local?
–Los problemas de Ceuta en el ámbito educativo tienen solución, sin duda alguna. Ahora bien, esa solución no es fácil. Pasa por construir, adecuar y poner a disposición del sistema una red de centros que realmente permita impartir la enseñanza en condiciones adecuadas. En Ceuta, en educación Infantil y en ciertas zonas, pasar de 20 alumnos es toda una barbaridad. Mejor dicho, es una estafa a la ciudadanía. No se está educando al niño, sino que se le tiene recogido. Se hace lo que se puede. Los profesores de educación Infantil son héroes. No se les puede pedir más. Evidentemente no se les puede ver como educadores, ya que no pueden hacer nada. Se habla de educación Infantil, pero se debería decir ‘recogimiento infantil’, que es lo que hay realmente. Tiene que haber centros para que la ratio sea la adecuada. La segunda parte de la solución pasa por que exista un cambio en el punto de vista a la hora de diseñar y de elegir una metodología para los planes de estudio. Por último, tiene que existir también un compromiso mayor por parte de todos los estamentos educativos, incluidos los profesores, la administración y los padres. En nuestra ciudad falta compromiso y eso es determinante a la hora de que las empresas colectivas tengan éxito.
–¿Qué puesto ocupa la educación en la escala de valores social del país?
–La educación tiene el problema de que no le interesa a nadie. A la gente sólo le interesa la carrera académica de sus hijos y nada más. Por ello la Administración nunca se siente en la obligación de hacer nada, ya que sabe que no hay una valoración social. La gente no sabe lo que significa tener 28 niños de tres años en una clase que, además, no controlan bien la comunicación. Las personas no son capaces de entender eso, y si lo entienden no les importa, y si les importa no lo valoran. Las cosas cambian cuando los poderes políticos perciben el aliento de la sociedad en el cogote. A la gente lo que le preocupa es que su hijo esté en un colegio en el que tenga buenas compañías. Ésto se consigue por múltiples vías y, cuando se logra, a esos padres ya no les preocupa lo que suceda con el resto. Si la población entendiera el coste social, presente y futuro, que tiene el hecho de que miles de chavales empiecen fracasando en la escuela, la sociedad reaccionaría. Y no es que los chavales terminen fracasando, es que comienzan su vida escolar fracasando.
–Los profesores tendrán algo que ver. ¿Se les puede pedir más implicación?
–Es difícil pedirle más compromiso a los profesores cuando hay tanta desmotivación. A los profesores hay que exigirles que cumplan con su labor y hay que hacerlo con rigor, pero al mismo tiempo hay que saber atenderles y entenderles. La educación es una tarea muy complicada, muy difícil y muy ingrata. La labor educativa tiene un desgaste psicológico incomparable. Nadie le regala nada a nadie. El hecho de que la jornada lectiva en clase sea de 18 horas no es gratuito. La profesión docente requiere un esfuerzo de tensión, una implicación del estado de ánimo y un desgaste que la anulan si se superan una serie de horas. Esta polémica que se suscita está muy escasa de nivel y llena de personas que critican injustamente al profesorado de una manera ignorante. Al profesorado hay que incentivarlo y eso se logra reconociendo su labor. La Administración no está para zancadillear y perturbar a los docentes, sino para ofrecer todo aquello que un profesor necesite para que desarrolle correctamente su labor. En Ceuta nos hemos encontrado con una Administración que ha despreciado al profesorado, que lo ha insultado, que lo ha machacado, que le ha quitado todo lo que ha podido porque no lo tiene en consideración. Esto es un círculo vicioso. Ahora, querrán exigir un esfuerzo adicional en malas condiciones para que el sistema no falle. Así está todo podrido.
–¿Y cuál es el papel de los padres en todo este universo?
–Los padres tienen que implicarse también en la educación de sus hijos. Hay un dato que me pone los pelos de punta porque lo he vivido personalmente. De cada diez padres que vienen a preguntar por sus hijos, al menos siete no saben ni en qué curso están. Esto es un problema en sí mismo y tiene una profundidad social grande. En este sentido, el profesorado también tiene que estar comprometido y no debe limitarse a dar su clase. Debe saber que estamos ante una tarea titánica y debemos dar la vuelta a una situación social muy mala que hay en la ciudad y que requiere implicación. Se trata del afrontar el reto de la revolución de la educación de Ceuta, que consistiría en que la Administración lo entienda, que los profesores se comprometan y que los padres colaboren. Todo ello dentro de un sistema educativo distinto pensado para esta situación social.
–Se denuncia mucho el tema de la falta de centros escolares. ¿Es cuestión de construirlos?
–Cuando se habla de que no tenemos espacios me planteo, por ejemplo, por qué los centros de educación privada no ocupan esas aulas que actualmente tienen destinadas a Secundaria con unidades de Infantil y Primaria, como debería ser. Los alumnos de la ESO deberían pasar a los institutos. De esta forma, y sin hacer construcciones escolares nuevas ni políticas complicadas, aparecerían 40 aulas disponibles para las etapas más conflictivas: Infantil y Primaria. Pero el problema es que en Ceuta quienes controlan la Administración están contentos con el sistema que hay porque permite a determinadas capas sociales estudiar desde Infantil hasta la Universidad sin contaminación alguna. Éste es el problema de una ciudad indefinida que no quiere definirse porque no quiere mirarse al espejo y prefiere seguir con su ensoñación de lo que pudo ser y no fue. Donde se nota más es en el ámbito educativo. En las redes educativas se puede observar muy fácil dónde está cada uno, cómo nos comportamos, el interés que tenemos en resolver los problemas de unos y de otros y cómo se adecuan los sistemas a las necesidades de la ciudad, que es de ninguna manera.
–¿Cuál es su visión sobre la Administración educativa?
–Lo único que quieren es que las clases comiencen y funcionen sin que haya lo que ellos llaman anomalías. La primera tragedia es que para la administración las anomalías no son los suspensos. Cuando ellos dicen que todo ha empezado con normalidad lo que quieren decir en realidad es que no ha habido ningún accidente grave, que no se ha quemado ningún colegio e incluso que ningún niño se ha caído por la escalera. Eso es lo que a ellos les importa. Mientras los niños estén metidos en las clases, lo que pase ahí dentro a ellos no les interesa. Si al final terminamos todos por concebir el desastre educativo como la normalidad , pues ésto no tiene solución.
–¿A quién prefiere como director provincial: Aquilino Melgar o Pedro Gordillo?
–Ni la administración de Pedro Gordillo quiso entender y solucionar los problemas de Ceuta, ni la del PSOE ha querido hacerlo. Ahora bien, la diferencia es que con Pedro Gordillo se reivindicaba. Algunas veces se conseguían cosas y otras no, pero se reivindicaba. Por su parte, la administración de Aquilino (Melgar) es una administración sumisa y humillada antes de empezar. Lo digo con cierto pesar, porque yo creía que había una buena oportunidad en aquel momento para dar un cambio. Era gente nueva y pensé que se podrían hacer cosas. Por eso ha sido toda una gran desilusión. Aquí no pusieron un director provincial, pusieron un botones que se limitaba a hacer lo que ya sabíamos que no valía y que no ha mantenido una postura reivindicativa para solicitar soluciones. Eso no quiere decir que siempre se consiga, pero al menos se intenta. Nos encontramos con que desde aquí comenzaron a regañarnos como hacían desde Madrid. Hemos ido en dirección contraria. Yo creo que esta ha sido la peor Administración educativa de todas las que hemos conocido.








