l El padre del herido más grave habla sin miedo de una situación insostenible para muchos vecinos
En la habitación de su hijo, sentado sobre su cama mientras éste permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital, Mohamed deja que su mirada se pierda tratando de encontrar una explicación a lo que ha sucedido. Hace menos de 24 horas oyó a su mujer gritar y bajó corriendo las escaleras. Horrorizada, le informaba de que habían disparado a su segundo hijo, Sufian, de 23 años, cuando regresaba de ver a su abuela camino de casa como cada tarde.
“No puedo describir con palabras lo que sienten unos padres en ese momento...”, reconoce aún aturdido por unos hechos a los que no para de buscarles algún razonamiento lógico. “No hay más explicación que la mala suerte. Le ha tocado a él como le podía haber pasado a cualquiera”, lamenta Mohamed recordando que cuando se presentó en el lugar de los hechos unos metros más arriba de su casa, ya se habían llevado al hospital a Sufian pero continuaban los disparos. Hablan de una treintena.
Aunque en un principio se habló de dos encapuchados, finalmente fue uno, que con un arma de alto calibre, llegó al lugar en busca de alguien que logró escabullirse y contra el que comenzó a disparar “a diestro y siniestro, según dijeron los testigos, alcanzando una bala a mi hijo en el brazo, que se lo atravesó y le entró en la barriga”. A otro vecino que iba en moto, uno de los disparos le atravesó una pierna a la altura de ingle. Su estado es menos grave que el de Sufian. “Ni fuma, ni bebe, ni se mete en problemas, va a la mezquita, le gusta el fútbol, sale con su novia, juega con la Play, es hogareño y cariñoso...”. Mohamed no puede seguir hablando de él. Su mujer, Hachucha, se ha acercado hasta el Hospital Universitario porque es la hora en que permiten a las visitas entrar en la UCI. “Todos estamos hechos polvo. También sus hermanos”, dice. Junto a él, parte de la familia que muestra la indignación por lo que está sucediendo en la barriada donde llevan toda la vida. “De aquí son mis padres y reconozco que sí he tenido miedo alguna vez por lo que le pudiera pasar a alguno de mis hijos en los últimos años por como han cambiado las cosas, pero ahora no tengo ningún miedo”.
Padre de cuatro hijos de 27, 23, 16 y once años, Mohamed regenta un cafetín que ayer echó el cierre y en el que Sufian solía echarle una mano a menudo ya que está buscando trabajo. Espera que se ponga bueno y no piensa en la otra posibilidad. “Le podría haber pasado a cualquiera”, insiste lamentando que se haya vinculado a Sufian al radicalismo islamista. “Eso no lo vamos a consentir y denunciaremos a quien lo ha dicho”, anuncia dejando claro que “es una vergüenza que se escriban esas cosas sin ninguna impunidad y que manchen el nombre de un joven que nada tiene que ver con eso”.
Y va más allá porque repite que no tiene miedo a nada. “Si hay tanto radical y el delegado viaja a Madrid a pedir más efectivos por la problemática en que se encuentra esta barriada, que las fuerzas de seguridad vengan al Príncipe, que no se queden en la rotonda de vez en cuando ni aparezcan en operaciones como la famosa Duna”. Cree, como la mayoría de sus vecinos que ayer preferían no hablar o lo hacían con temor, que podría haber sido un ajuste “pero que ha cogido a gente inocente de por medio”. Y si lo tuviera delante no le hablaría. “¿Encima de que mi hijo se debate entre la vida y la muerte por su culpa le voy a hablar? Me tomaría la justicia por mi mano porque ya se ha demostrado que en Ceuta no existe justicia. No le mataría. Le arrancaría los ojos y le cortaría las manos”, dice sabiendo que sus palabras son duras pero que el dolor de unos padres lo es mucho más.
La Jefatura Superior de la Policía Nacional descartó ayer que se tratara de suceso vinculado al islamismo radical apuntando que se estaba barajando la posibilidad de un ajuste de cuentas vinculado al tráfico de hachís.
Mohamed echa la vista atrás cuando la barriada Príncipe Alfonso era tranquila, los niños podían jugar en la calle sin que sus padres tuvieran el miedo que sienten ahora y había orden y una comisaría que lo mantenía. “Ahora estamos olvidados. ¿Cómo crees que me sentí cuando llegué al hospital y la Policía me preguntó por el nombre de mi hijo? ¿Ahora? Siempre pedimos que nos protejan, que la situación es insoportable. Además ¿para qué tan tarde?, ¿acaso van a investigar quien lo ha hecho? Que lo hagan. Si ya saben lo que hay y conocen lo que pasa. Saben quienes son. Que actúen. Pero entonces se quedarían sin confidentes y chivatos. La corrupción esta ahí y nosotros aquí, desprotegidos”.
Sufian permanece en la UCI estable y el otro herido en observación
Los testigos aseguran que el autor de los disparos iba a por un joven que consiguió salir huyendo de la ráfaga de disparos que alcanzó a dos personas que nada tenían que ver con un supuesto ajuste. Uno de ellos, el más grave. Sufian, que con 23 años iba camino de su casa tras visitar a su abuela. Una bala le rozó el brazo entrando por el abdomen izquierdo y quedándose allí por lo que tuvo que ser sometido a una operación para extraérsela. También hubo que reparar los daños ocasionados por el alcance que afectó a varios órganos. Se encuentra en la UCI estable. El otro herido, un varón de 40 años, recibió un disparo de bala con entrada y salida por zona inginal izquierda. Se encuentra en Observación a la espera de una recuperación total que le permita ser dado de alta.






