Hubo un tiempo, en concreto hace 20 años, que las administraciones sumaron fuerzas para combatir el narcotráfico que sustentaba el posterior blanqueo de capitales. La Guardia Civil y Vigilancia Aduanera llevaron a cabo una operación que terminó con el decomiso de decenas y decenas de embarcaciones, las gomas de aquella época que habían ocupado el puerto deportivo y que funcionaban con total descaro. Tal lo era que incluso la antigua Coproper 6J llegó a ponerle la cara colorada al delegado del Gobierno de la época con un informe en el que evidenciaba cómo los narcos se estaban riendo del personal, haciendo cargas y descargas de pilotos y reforzando el negocio del tráfico de hachís a gran escala, mientras la autoridad política parecía no enterarse de nada o no querer hacerlo, que son apreciaciones distintas por un matiz importante.
El buen trabajo de la Benemérita y de Vigilancia Aduanera se complementó con las condenas que dictó la Audiencia de Ceuta, ejemplar en muchas de sus decisiones hasta ser referente y modelo en las sentencias que dicta como máximo órgano judicial en nuestra ciudad. De aquello que fue bautizado como la Operación Marinas hemos llegado a la situación actual. Volvemos a asistir a un desprecio absoluto a la legalidad y a un descarado choteo a las fuerzas de seguridad. Las motos de agua y las phantom se manejan a su antojo y tenemos un continuo intento de burla con los delitos más deleznables: el tráfico de personas que son tratadas como pura mercancía, exponiendo a riesgos y muertes a quienes pagan por intentar escapar de Marruecos.
Si en aquel entonces, hace 20 años, hubo un consenso para actuar como se tenía que actuar y así romper el imperio del narco y la adquisición de bienes mediante el lavado de dinero, ahora se tiene que poner el mismo empeño en terminar con la estructura delincuencial que tenemos a la vista de todos a pesar de que haya quienes se empeñen en mirar hacia otro lado. Estos temas no interesan a los partidos políticos, no dan votos e incluso son impopulares. Es lo que tiene venderse a un interés político y no al futuro de Ceuta.
Las auténticas burlas a las que asistimos a diario con persecuciones, delitos, desobediencias y riesgos no se pueden permitir. Si en un tiempo fuimos capaces de terminar con el delito y callar bocas de quienes se habían acostumbrado a vivir indirectamente de él, hoy se tiene que escenificar esa misma fuerza por respeto a las normas, por garantía de los derechos humanos y por no volver a ser una ciudad que facilite infraestructuras a quienes no son más que delincuentes.







Cualquier parecido de lo que ahora ocurre con la operación Marinas es mera coincidencia .