La decisión del Gobierno autonómica de buscar una nueva fórmula para la licitación de los contratos menores donde no se oculta de manera clara que es un sistema de apoyo a las empresas de nuestra ciudad provoca la necesidad de una reflexión sobre la competitividad de un tejido empresarial que es absolutamente distinto de Algeciras hacia arriba.
Todos sabemos que la medida gubernamental está justo al borde del establecimiento de la libre competencia, lo reconoce hasta el mismo ejecutivo, pero también está claro que el empresariado ceutí no cuenta con las mismas ventajas que otras empresas radicadas desde el otro lado del Estrecho hacia arriba. Pongamos un ejemplo claro. Partiendo de la base que el Ayuntamiento es la primera empresa de Ceuta, circunstancia que a lo mejor no sucede en otros lugares, permitir la venida de empresas no radicadas en nuestro territorio sería un suicidio para una economía como la ceutí que no atraviesa una crisis como consecuencia de la situación que vivimos y que por tanto no es coyuntural, sino que nuestra crisis es estructural y por tanto sin conocimiento de cuando podrá ser finiquitada. Cualquier empresa de Algeciras hacia arriba está legitimada y sin ningún problema se puede convertir en suministradora de multitud de administraciones públicas de su zona de influencia. Eso no lo pueden hacer las empresas ceutíes, como para que encima tengamos que soportar aquí una influencia de más competidores. Al igual que existen cláusulas de obligación para las empresas que ganan concursos de establecer una cuota de desempleados de nuestra ciudad, lo mismo también tienen derecho los empresarios de tener alguna ventaja.





