Categorías: Sucesos y Seguridad

Aplastamientos y desmayos en las avalanchas de porteadoras

El 061 tuvo que atender a cuatro personas, ninguna de gravedad, y trasladar a una mujer al Hospital.

El desorden en los polígonos del Tarajal provoca hastío en la ciudadanía. Los porteadores siguen sorteando obstáculos hasta traspasar el checkpoint del puente del Biutz, mientras que la Unidad de Intervención Policial del Cuerpo Nacional (UIP) mantiene el orden público y garantiza la seguridad de las 8.000 personas que circulan inquietas por pasar cuantos más bultos de mercancías mejor. Sin embargo, hay incidentes que sacuden esa rutina como las sirenas de las ambulancias, que ayer se personaron en el recinto industrial hasta en cuatro ocasiones, según fuentes de solvencia que frecuentan el paso de fardos.
La primera intervención del Servicio de Emergencias del 061 tuvo lugar tras una avalancha en la fila de mujeres, poco antes de las 8:30, y requirió el traslado de una porteadora al Hospital Universitario “porque al principio parecía que estaba muerta”, relataron testigos presenciales. No fue la única persona que sufrió daños en ese sinfín de codazos, empujones y peleas por conservar o colarse en la columna humana. El desfallecimiento se convirtió en una constante, ya fuera simulado o real, y las féminas que caían al suelo con rostros de dolor y agotamiento eran incontables.
En el transcurso de la mañana, la ambulancia tuvo que regresar pero a los tornos del Biutz, según testigos presenciales, donde una marroquí se desmayó presa del excesivo esfuerzo y la presión de sus compañeras. Ninguna de las afectadas revestía gravedad y se marcharon poco después de llegar a Urgencias. Tan solo presentaban contusiones y arañazos, según informó ayer el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa).
El dispositivo de la UIP fue centro de las conversaciones a las puertas de las naves sin olvidar la crítica constante a la libertad de movimiento de clientes, empresarios y empleados. Algunos comerciantes atisbaron una ‘huelga de celo’ –llevar al extremo la normativa que regula una actividad provocando una caída de la productividad– en el cumplimiento de sus cometidos. Por su parte, un sector de los empresarios establecidos en las naves consideró que la UIP ponía trabas al tránsito de mercancías en dirección al país vecino. Por contra, los hubo que valoraron los controles laxos que facilitaban la salida de paquetes por el Biutz.
Otros comerciantes interpretaron, al analizar la dinámica del operativo policial, que la Delegación del Gobierno recordó a la Policía Nacional cuáles son sus instrucciones en los polígonos: ceñirse a su función de mantenimiento del orden público ya que otras tareas como controlar el tamaño de los bultos corresponde a la seguridad privada.
El delegado del Gobierno, Francisco Antonio González, desveló su “voto de confianza” a los representantes de los empresarios del Tarajal, quienes se comprometieron a contratar este servicio a una empresa de vigilancia. Aunque el titular del Gobierno de la Plaza de los Reyes estimó esta semana que la incorporación de la mercantil es “cuestión de días”, el final de la cuenta atrás se aproxima y, en caso de que el colectivo rompa el acuerdo, será necesario establecer un plan de seguridad especial.  
El responsable de Seguridad Ciudadana de la Jefatura Superior de la Policía Nacional de Ceuta y el coordinador de servicios de los polígonos del Tarajal, acompañados de otros agentes de este Cuerpo de Seguridad del Estado giraron ayer inspección a los polígonos.

Estampidas en un lugar poco habitual A la carrera, las porteadoras formaron filas de más de cinco personas por turno y presionaron para obligar a los policías a autorizar su paso hasta las consignas de dudosa legalidad que pueblan los aledaños del Biutz. A la fatiga acumulada tras horas de espera, algunas desde la noche anterior, las mujeres sumaron los golpes y aplastamientos en las filas. Para finalizar, cargaron bultos que, a simple vista y por su postura encorvada, superaba las medidas y el peso que puede soportar una persona.
Amenazas con la chapa de una lata de atún grande Las porteadoras de mayor edad narraron ayer a este periódico que, de noche mientras duermen a las puertas del lado español de la frontera, sufren amenazas de las más jóvenes para obligarlas a dejarles su puesto más adelantado en la fila. “Me pusieron la chapa de una lata de atún grande en el cuello y me dijeron que me lo cortarían”, comentó una de las afectadas. Asimismo, denunciaron de forma pública que piden auxilio a los agentes de la frontera “pero nadie nos hace caso”, agregó.

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