Hay conversaciones que merecen la pena escucharlas, es en una ínfima minoría, pero hay que estar allí para recibir esas informaciones.
“Pasaba por la aduana del Tarajal por la zona donde la Guardia Civil monta sus servicios, para entrar en Ceuta, y vi un pequeño rifirrafe entre una transeúnte y un número de la Benemérita institución. Tuve que pararme porque se había retenido la entrada justo delante de la máquina donde tenemos que introducir nuestros efectos personales, es decir: los bolsos, bolsas, maletas, etc.”.
Allí por un lado al ver un cúmulo de personas y el citado tumulto delante pues agudicé mi preciado oído.
“Sabe usted perfectamente que no se puede introducir en España ningún producto lácteo debido a la alerta sanitaria que hay debido a unas fiebres. Esto está recogido aquí en este mural.
Que por cierto lleva ya puesto unos pocos de años.
Sabe entonces lo que debe hacer. Coger este producto y llevarlo nuevamente a Marruecos o depositarlo en uno de los contenedores que tenemos aquí para luego ser retirados por una compañía especial dedicada a la recogida de productos no autorizados”.
La respuesta de esta mujer fue rápida y contundente.
“Pues yo no me muevo de aquí. A mí se me ha antojado este producto, que para más señas eran unos yogures líquidos pequeños, que a simple vista creo haber contado unos 15 que llevaba metido en una maleta y camuflado con unas ropas, y hasta que no me los tome no pienso salir de aquí”.
La respuesta del señor agente fue muy tranquila y con una resignación tremenda.
“Pues si usted lo desea pues siéntese aquí póngase cómoda y dale manos a la obra pero por favor no retenga usted la salida de personas”. Ofreciéndole una silla.
Yo pasé el control pero me quedé fuera esperando y en plan cotilla preguntando a todas mis amigas y conocidas cómo iba el tema de la mujer, que se me había olvidado decir que se encontraba embarazada y con una barriga bastante prominente.
Yo calculo de unos ocho meses aproximadamente aunque se sabe que dependiendo de cada mujer así se puede tener una forma u otra.
Mis informantes me dijeron que después de haberse tomado tres yogures había desistido y se había levantado y se fue en dirección a la Policía Nacional.
Seguí preguntando y me dijeron que allí estaba preguntando a los policías lo que podía hacer para introducir sus dichosos danap en miniatura, a parte de seguir llorando.
Y así durante más de una hora.
Al cabo de ese tiempo, que ya me traía en ascuas vino la mujer sin sus preciados trofeos.
Yo la vi justo al lado mía donde se encuentran los taxis. Y allí empezó a decir: “Esto no se va a quedar así. Ojalá le salga un orzuelo a ese policía malo, no voy a reproducir las palabras mal sonantes que dijo, por que esto no se hace con una mujer embarazada. ¿Y si cuando nazca mi hijo le sale un antojo?”.
Yo me metí en la conversación y le dije:
“Pues lo primero que tienes que hacer es ponerte las manos en el trasero por si acaso lo de los antojos es verdad. Que no tenga en ningún lugar visible tu hijo eso que se te ha metido por los ojos”.
Y es que lo que tienen que aguantar estos pobres hombres, padres de familias para llevar el pan a sus casas. Vaya tela del telón.






