Al otro lado del hilo telefónico está permanentemente María Isabel, esperando que alguna llamada traiga consigo, por supuesto, la buena nueva de que su esposo Laarbi ha aparecido en algún lugar. Se cumplen ya casi cinco días de su desaparición, pero no pierde la esperanza, puesto que muchos amigos le han contado historias de desaparecidos en el mar y que luego tras ser recogidos por un mercante han dado señales de vida en otro punto del globo. Es de suponer que la Nochevieja y el Año Nuevo han sido los más amargos de su vida. Sus hijos se han ido a casa de otros familiares y preguntan por el padre y la única respuesta que encuentra ahora mismo es decirles que está trabajando.
La tienen informada sobre la búsqueda que realiza Tarifa Tráfico, de manera especial a través del helicóptero de Salvamento Marítimo, pero, de momento, todo ha sido infructuoso. Se agarra a la esperanza de que no ha aparecido el kayak, el cual no se pierde de una manera tan fácil en el agua y confía en que algún barco le haya recogido junto a su embarcación.
Un hermano de María Isabel que vive en Melilla ha cruzado la frontera y se ha entrevistado con las autoridades de Nador para hacerles entrega de un fotografía de Laarbi, esperanzados de que las corrientes le puedan llevar hasta Melilla o alguna de las poblaciones de los alrededores.
Algunos amigos submarinistas también se han desplazado a Marruecos por si hubiera aparecido en algún hospital y la Marina Real marroquí también ha dado la voz de alarma para intentar encontrarle. Algunos de estos militares han narrado a estos amigos que han viajado a Marruecos que han existido casos de barcos mercantes que han recogido a náufragos y no se han enterado hasta que han pasado varios días. Incluso otro amigo le ha narrado a un hermano suyo que desapareció fue recogido por un buque que le llevó hasta Francia y allí tuvo que desplazarse la familiar para recogerle. Lo cierto es que nadie pierde la esperanza y a ella se agarran como un clavo ardiendo en la vivienda familiar de María Isabel.






