Personalidades de distintos ámbitos asistieron a la cita.
Ha pasado a la historia como el ‘Ángel de Budapest’. Un más que merecido apelativo si se tiene en cuenta que sobre el diplomático Ángel Sanz-Briz recae la elogiosa labor de haber salvado la vida de más de 5.000 judíos durante el holocausto nazi. Ayer, su hija Ángela traía hasta nuestra ciudad la historia de su padre en una charla que reunió en el salón de actos del Palacio Autonómico a autoridades civiles, representantes de la Comunidad Israelita de Ceuta y ciudadanos en general interesados en acercarse a la vida de este héroe del siglo XX.
“Arriesgó todo porque vio las atrocidades que estaban ocurriendo en Budapest y decidió salvar vidas valiéndose de su estatus diplomático y de una ley que, pese a estar ya derogada, le otorgaba la nacionalidad española a los judíos sefardíes. Aunque los judíos húngaros no lo eran, entregó visados y salvaconductos a todos los que pudo”, comentaba la que ya se ha convertido en depositaria del legado de su padre.
Con 32 años y recién nombrado primer secretario de la Embajada española en Budapest en 1942, Sanz-Briz conoció los horrores de la campaña de aniquilación nazi y decidió oponerse a ella utilizando su cargo diplomático. “Él era de ayudar, vio este horror, dolor e injusticia y sin pensárselo dos veces y con mucha cabeza y valor se lanzó a ello”.
Fruto de este valor, el diplomático español comenzó una carrera contrarreloj para salvar al mayor número de personas de una muerte segura. Expedía salvoconductos, en principio individuales aunque, posteriormente, era para familias enteras.
En su lucha se enfrentó a dificultades como la derivada de que los alemanes exigían que los judíos con otras nacionalidades debían emigrar a sus países de origen. “Fue entonces cuando mi padre alquiló siete edificios para albergar a sus protegidos y allí les llevaban ropa y las medicinas que podían. Pero había muchos controles y, en más de una ocasión, tuvo que sacar a personas de los trenes”.
La ley en la que se amparó Sanz-Briz y su lucha por salvar las vidas de otros, anteponiéndolas a la suya propia, le ha valido el agradecimiento de la comunidad israelita internacional. “Pasarán generaciones y la memoria de tu padre, así como de tantos otros que arriesgaron su vida para salvar la de los demás, seguirá presente entre nosotros. El olivo que en su memoria se plantó en Jerusalén sigue vivo y el título de Justo entre las Naciones que se le otorgó en su día es eterna como eterna es nuestra gratitud”, se dirigía a Angela Sanz-Briz la secretaria de la Comunidad Israelita de Ceuta, Alicia Barchilón.
Sanz-Briz seguirá vivo en la memoria de las generaciones venideras como ejemplo de solidaridad y lucha contra la locura nazi, pero sobre todo para su familia era un hombre “muy inteligente, buena persona, trabajador, cumplidor con su deber, muy simpático, era encantador y, sobre todo muy familiar porque viviendo en el extranjero como hijos de diplomáticos se crea un vínculo muy fuerte”, recuerda su hija.
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