El Corella Ballet representará esta noche en el auditorio de la Manzana la obra ‘El lago de los cisnes’. Al frente de la compañía estará Ángel Corella, uno de los más grandes bailarines de la historia.
Transmitir sensaciones es la cuestión que mejor deben manejar los artistas y Ángel Corella domina esa faceta. Su conversación es tan directa y enriquecedora como lo es verle ejecutar bellos movimientos sobre el escenario. Se sabe protagonista y conoce cómo manejar los tiempos, cómo hacer disfrutar al que se acerca a él para charlar sobre danza. De fondo, en el escenario, los bailarines ensayan partes del ‘Lago de los cisnes’, que hoy (21 horas) y mañana (19 horas) se podrá disfrutar en el auditorio de la Manzana del Revellín. Es uno de los más grandes bailarines de danza clásica de todos los tiempos, pero eso no le hace despegarse del suelo. Con una sonrisa continua y gran cercanía acogió a ‘El Faro’ antes del espectáculo de hoy.
–Antes de bailar usted ya le pegaba al kárate...
–Aquello era lo típico. Mi madre no quería estuviéramos todo el día delante del televisor viendo programas vacíos y entonces llevaba a las niñas a las clases de ballet. Yo empecé con el kárate porque muchos niños de mi colegio iban allí. Yo estaba fascinado y me encantaba todo aquello de las patadas y tal. Pero un día, a un compañero de clase le rompieron la nariz, comenzó a sangrar y a gritar, y yo me asusté mucho. Tenía sólo seis años. Le dije a mi madre que yo no quería volver. Entonces ella, como tenía que hacer recados, me dejaba en las clases de ballet y me decía: ‘No te muevas’, y yo no me movía. Uno de los días, mi madre hablaba con la profesora de ballet y vieron que yo comenzaba a dar giros y saltos por la habitación y se quedaron sorprendidas. Estaba haciendo cosas que aquella profesora ni siquiera había enseñado en sus clases. Así fue como empecé.
–Tuviste que romper algunas barreras sociales al ser un chico que bailaba ballet, ¿no?
–Sí. Esa era una barrera que existía en España. En cualquier parte del mundo se ha continuado la danza clásica y ha evolucionado como cualquier otro tipo de arte. Aquí en España se pensaba que los hombres bailábamos como las mujeres, que nos poníamos zapatos de punta y un tutú rosa. La forma de bailar del hombre es totalmente distinta. Por ejemplo, en ‘El lago de los cisnes’ está Sigfrido, que es un príncipe que está obligado a casarse por su condición de realeza. Él no está enamorado y lo que quiere es ser joven. Eso es precisamente lo que representa. La forma de bailar ha evolucionado. El problema es que en España se erradicó la danza clásica completamente hace 22 años y ahora estamos recuperándola.
–¿Está preparada España para esa recuperación?
–Está más que preparada. En todas partes a las que vamos nos está pasando que las entradas se agotan en muy poco tiempo. Estamos sobreviviendo a la crisis gracias a eso porque las ayudas del Ministerio de Cultura son muy pocas. También sobrevivimos gracias a Consejerías de Cultura como la Ceuta, que han apostado por un espectáculo como el nuestro. Es algo costoso, pero que el público público puede disfrutar y demanda claramente.
–En Ceuta ya estuvo Carmen Roche y dijo que en España faltaba mucha cultura de danza clásica. ¿Comparte esa afirmación?
–Lo comparto, aunque pienso que para reivindicar que hace falta danza clásica tienes que estar haciendo danza clásica. No vale que digas eso y que tú no la hagas porque es muy difícil y muy costoso. Ha habido mucha gente que ha atacado a la danza clásico porque no podían hacerla por carencias económicas, artísticas y técnicas. En cambio, nosotros no hemos atacado a nadie. Hemos optado por la opción contraria. No atacar a nadie, defender la danza clásica y hacerla de una forma impecable con los mejores bailarines del mundo y con la mejor orquesta (la Orquesta de Kiev) que se pueden encontrar.
–Usted ha creado su propia fundación e incluso hay una residencia en Castilla y León...
–Estamos con un montón de proyectos. Además de la propia compañía, hacemos programas educativos en los que llevamos a los chicos jovencitos al teatro y les hacemos un espectáculo en el que les mostramos el mundo de la danza clásica. Dentro de muy poquito abriremos la escuela-residencia. A los niños se les enseñará danza clásica e incluso historia y repertorio de este mundo. Esto nos permite tener una compañía de danza clásica como la tienen Nueva York, Londres o Milán. No tendremos que esperar a que vengan compañías de fuera para poder disfrutar de este tipo de espectáculos de danza.
–Y eso lo dice una persona que es estrella del American Ballet...
–Bueno, llevo dieciséis años con ellos como estrella principal. También he bailado como estrella invitada en el Real Ballet de Londres, en la Scala de Milán, en el Ballet de Tokio, en Kiev, en Bolshoi de Moscú y prácticamente en todas partes del mundo. Todo este aprendizaje lo he cogido y he intentado traerlo a esta compañía, donde hay unos bailarines con mucha calidad, muchas ganas y mucha fuerza.
–¿Qué le parece que le comparen con Nureyev y con Baryshnikov?
–Hombre, las comparaciones siempre son odiosas, sobre todo cuando hablamos de artistas que tienen una personalidad distinta y una forma de ser diferente. Esto supone que cuando sales al escenario estás representando un personaje, pero al mismo tiempo lo haces desde tu propia visión. Es difícil que yo lo haga como ellos. Que me metan dentro de la historia de este arte y de la evolución que se ha producido en la danza clásica me llena de orgullo, pero al mismo tiempo hay un futuro que se está cuajando y que es fantástico poder verlo.
–Habla como si su etapa ya hubiera pasado. ¿No pensará en la retirada de las tablas?
–Me quedan unos añitos todavía, pero desde luego no voy a estar enganchado al escenario sin querer bajarme.
–¿Qué opina usted de otros bailarines españoles como Nacho Duato, Tamara Rojo o Víctor Ullate Roche?
–De ellos la única que hace danza clásica es Tamara Rojo, que está en el Real Ballet de Londres y es una muy buena bailarina. Carmen Roche, Nacho Duato, Víctor Ullate y todos los que han estado aquí hasta ahora siempre han hecho danza contemporánea. Víctor Ullate y Nacho Duato nunca han hecho danza clásica ni como bailarines ni como coreógrafos. Son muy grandes artistas, pero en la disciplina contemporánea, que algo muy distinto a lo clásico. Es como hablar de Tchaikovsy y de Beyoncé diciendo que hacen lo mismo. Es algo totalmente distinto.
–¿Qué le parece entonces que la Compañía Nacional de Danza sea de contemporáneo?
–Es algo que ha impedido que muchos bailarines como Tamara Rojo, José Carlos Martínez o yo mismo, que somos gente que nos hemos formado en España, pudiésemos desempeñar nuestro trabajo en este país y que nuestro público nos viera bailar. La Compañía Nacional se convirtió hace 22 años en una compañía de baile contemporáneo y es prácticamente imposible volverla a retomar.
–¿Ni aunque José Carlos Martínez sea el director?
–Me extrañaría mucho que cambiara algo porque se trata de una disciplina distinta. A un bailarín que ha estado 22 años usando zapatillas de media punta le resultaría prácticamente imposible volverse a poner zapatillas de punta. El chillido que pegaría lo escucharían hasta en Japón. Además, él ya ha dicho que eso no va a ser posible porque tiene unos bailarines de un corte y no los puede cambiar.
–¿La danza es cosa de mujeres?
–Para nada. Ha habido grandes estrellas en el ámbito de la mujer, pero ha habido muchas más en el ámbito de los hombres. Tú dices nombres como Nureyev o Baryshnikov y a la gente les suenan. En cambio si dices Makarova o Maya Plisets-kaya muy poquita gente podría decirte algo de ellas. Lo que pasa es que en España hay que recuperar eso.
–¿Cuál es la clave del éxito del Corella Ballet?
–Mantenemos un nivel de calidad. Yo creo que tenemos que ofrecer lo mejor de lo mejor. Por ejemplo, tenemos a Fernando Bufalá, que ha estado como bailarín solista del English National Ballet y es espectacular. Después está la chica que hace de Odette. Era bailarina principal del Ballet de Zurich en Suiza. Se trata de españoles con una calidad espectacular. Se estaban aprovechando de ellos en el extranjero y ahora los podemos disfrutar aquí.
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