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Amor en tiempos de coronavirus

Francisco Javier y Fouzia llevan viviendo en Marruecos desde el 27 de octubre. Fueron para conseguir el empadronamiento de ella, poder casarse y vivir en España, pero todo se torció

“Huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño; creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño; esto es amor, quien lo probó lo sabe”. Lorca, al igual que Francisco Javier, sabía lo que era el amor.

Francisco Javier es un español que lleva viviendo en Castillejos (Marruecos) desde el 27 de octubre del año 2019 junto a su prometida de origen argelino, Fouzia. Desde dicha fecha están intentando casarse y pedir los correspondientes visados para ir a Madrid, donde “tenemos nuestro hogar”.

Francisco Javier reconoce que están viviendo una pesadilla y “una gran injusticia”. Antes de ir a Marruecos, el 10 de octubre, su prometida pidió asilo en el aeropuerto de Madrid, donde estuvo “diez días encerrada con vómitos y dolores de embarazo, comiendo la mala y repetida comida los días que allí estuvo encerrada”. Finalmente, la expulsaron y denegaron el asilo porque “no se creyeron que estaba amenazada de muerte por sus padres por no llevar el velo y por convertirse al cristianismo en su país. Quizás la culpa fue del traductor, que incluso le riñó en árabe durante su declaración. Además, obviaron que estaba embarazada y prometida con un español”.

Como no pudo entrar en España, Francisco Javier tuvo que dejar su trabajo y acompañarla durante todo el embarazo en Marruecos. “Por eso nos fuimos y después de intentarlo en otros tres países, estamos aquí en Marruecos, un lugar cercano a España donde no necesitamos visa para estar juntos. Estamos luchando para que no se pisoteen nuestros derechos, el derecho de Fouzia de ser acogida y protegida en España por ser una mujer maltratada y por estar amenazada de muerte; el derecho de mi futura hija de poder nacer en España; y por mi derecho de poder casarme y vivir en mi país con mi familia”, relató Francisco Javier.

Como ella no puede entrar en España, el protagonista de nuestra historia entregó todos los papeles en el Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo (Madrid) para conseguir el matrimonio por poderes. “Nos pidieron entre otros documentos un certificado de empadronamiento de cada uno de los cónyuges en el país que viviésemos. Tenemos un certificado de empadronamiento de Fouzia viviendo aquí en Marruecos, sellado por el Ayuntamiento de Castillejos y además legalizado con sello de La Haya”, continuó.

Pues bien, ahora el Consulado de España en Tetuán les dice que “no vale” dicho papel y que tienen que aportar un certificado de la Policía de que vive legalmente en Marruecos. Por su parte, la Policía dice que con el sello de entrada al país y dicho certificado de empadronamiento “ya es suficiente y que no puede darnos dicho certificado. Están bloqueado el matrimonio y la reagrupación familiar”.

El problema es que el tiempo que pueden estar en Marruecos sin necesidad de visado comienza a agotarse. Ella debe salir el 5 de mayo y yo el 5 de junio. Si no salimos a otro país, cosa ahora más complicada porque se me acaba el dinero y además las fronteras están cerradas y no es posible, nos tendremos que quedar ilegales aquí”, explicó el español, de ahí su “urgencia y desesperación”.

“Hemos pedido al consulado que al menos nos dé un permiso, un visado de índole humanitario para entrar en Ceuta porque nuestra hija va a nacer en junio y queremos y tenemos derecho a que nazca en España por higiene y por seguridad de los hospitales españoles”.

Incluso ha pedido ayuda a Amnistía Internacional, quién le ha respondido que su trabajo en Marruecos se reduce a tortura y malos tratos. “Mi prometida, hija de un imán, cuando no llevaba velo o la encontraban leyendo la Biblia, era encerrada y le ponían picante en la lengua y en la vagina, con dolores que no le permitían hacer de vientre. Además el padre le firmó un matrimonio sin su consentimiento, con amenaza de muerte tanto suya como de su tío si lo anulaba. Cuando lo hizo finalmente, fue expulsada y amenazada de muerte. Si esto no es maltrato...”, relató Francisco Javier emocionado.

En este sentido, el español pide a su consulado que “reflexionen sobre si realmente estamos haciendo todo lo que podemos para ayudar a las personas”, ya que considera que “nos estamos deshumanizando y esta pandemia es solo un aviso”. “O ponemos todos amor en lo que nos rodea o la naturaleza o Dios nos devolverá lo que demos, nos guste o no”, continuó.

“Sé que yo puedo volver a España, pero ahora con el coronavirus si vuelvo a España ya no podré volver con ella a Marruecos. Quiero estar con mi mujer en el final del embarazo, es mi obligación moral. Somos una familia y no queremos separarnos en un momento tan importante como es el nacimiento de nuestra hija”, concluyó.

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