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Amina, ejemplo de la crisis en Marruecos: historias del cierre de frontera

Con 10 hijos a su cargo, uno de ellos con discapacidad, cruzaba el Tarajal para buscarse la vida

La situación de extrema necesidad vinculada directamente al cierre de la frontera hace mella en muchas familias del norte de Marruecos. Familias formadas por hombres y mujeres muy conocidos en Ceuta porque cruzaban a diario bien para trabajar o bien para intentar hacer alguna labor en las naves o pedir ayuda. En ese grupo de personas estaba Amina, una mujer siempre respetuosa con todos que durante toda su vida se dedicó a cruzar el Tarajal para buscarse la vida, siempre acompañada de su hijo menor de edad y discapacitado.

El pasado 10 de octubre, Amina formó parte de las listas de repatriación con lo que consiguió volver a su país y reunirse con su gran familia, formada por diez hijos: siete mujeres y tres varones. Pasaron los meses y también los anuncios, ya que una de las cosas que ha hecho el Gobierno de Marruecos es difundir programas de contratación laboral para las personas que han perdido el empleo además de ayudas alimentarias. Eso es lo que se difunde, pero es más maquillaje que otra cosa porque el día a día de quienes vivían de la frontera o de su paso a Ceuta sigue siendo extremo.

Uno de esos casos de clara necesidad es el de Amina, que ha llegado a cursar una petición urgente de trabajo para poder mantener a todos sus hijos. En esa solicitud expone que es viuda desde hace cuatro años, que tiene que mantener a todos sus hijos, haciendo especial mención al pequeño de todos, con discapacidad.

Ella es una de las afectadas por el cierre de la frontera, ella representa una de esas historias que nos llegan como meras estadísticas pero que tienen a sus espaldas auténticos dramas. Muchas de las mujeres que trabajan en hogares de Ceuta se mantienen gracias a que las familias que las tenían empleadas les envían dinero cada mes. El trabajo es inexistente de ahí que haya quienes se han arrojado al mar para llegar a nuestra ciudad de cualquier manera, arriesgando su propia vida.

Amina representa lo que muchos marroquíes: la falta de un sustento económico y de una alternativa a un paso que, pasado un año, sigue cerrado.

“Que Dios bendiga a todos los que me han ayudado, nunca olvidaré lo que han hecho conmigo, tanto los ceutíes, musulmanes y cristianos, trabajadores de la Cruz Roja”, contaba emocionada en una conversación mantenida con El Faro de Ceuta, cuando pudo regresar a su país. Ahora pasan las jornadas sin encontrar un sustento para, simplemente, subsistir.

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