El pasado jueves, la familia de la Asociación Española Contra el Cáncer de Ceuta ha perdido a uno de esos voluntarios que dejan una huella difícil de borrar. Hay personas cuya ausencia deja un silencio extraño, precisamente porque mientras estuvieron, hicieron mucho por la vida de los demás, sin necesidad de levantar la voz. Mohamed era una de ellas.

Hay muchas formas de afrontar la vida. Mohamed eligió el viento de cara y, por ello, decidió ser un voluntario polifacético, de los que nunca falla. Daba igual cuál fuese la actividad, el cometido o la necesidad: él era el primero. Constantemente dispuesto, siempre comprometido, siempre asegurándose de cumplir con sus funciones. Puntual, responsable y pendiente de todo, pero, sobre todo, pendiente de los demás. Su vocación era darlo todo por los demás, siempre encontraba la manera de echar una mano.

Era cercano, amable, exhibiendo una sonrisa que hacía que todo resultara más fácil. Asimiló los valores de la Asociación como sus propios valores y los compartió, como no podía ser de otra forma. Y es que Mohamed no era sólo un voluntario de la Asociación Española contra el Cáncer, era parte de su esencia, de su alma.

Hay personas que pasan por nuestras vidas y dejan recuerdos. Y hay otras que, de alguna manera nos dejan una huella para siempre. Mohamed pertenece a estas últimas.

Mohamed era el abrazo que te reconforta en los peores momentos, la mano tendida que te ayuda a mantenerte en pie o esa sonrisa que te ilumina por dentro. Era como ese ratito de sol en invierno: inesperado, cálido y reconfortante. Ese sol que aparece cuando más frío hace, te calienta por un instante y, sin darte cuenta, te acompaña un poquito de camino a casa.

Se fue el voluntario, el compañero y el amigo, pero permanece todo lo bueno que dejó en quienes tuvimos la suerte de cruzarnos con él.

Hoy nos toca despedirle con tristeza, pero también con una enorme gratitud por todo lo que nos regaló: su tiempo, su compromiso, su amistad, su cariño y, sobre todo, su manera de estar para los demás.

Gracias, Mohamed, por estar siempre. Gracias por cada mano tendida, cada conversación, cada tarea y cada momento compartido.

Tu lugar nunca quedará vacío porque tu presencia siempre permanecerá en nosotros, en nuestros recuerdos y en todas las personas a las que ayudaste.

Hasta siempre, Mohamed.

La familia de la Asociación Española Contra el Cáncer de Ceuta no te olvidará.

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