Me ha estado explicando un joven de veintinueve años, esta mañana del uno de septiembre, que has estado malito y que aún te recuperas, yo también tenía noticias tuyas por la viñeta de ayer. No me ha parecido bien que tú, ser entrañablemente bueno con todo elmundo, no te portes bien contigo mismo, pues muchas veces, las cosas que nos pasan son debidas a que no nos cuidamos como es debido y no llevamos con pulcritud las instrucciones que nos recomiendan los doctores, para el mejor funcionamiento de nuestro cuerpo que, ha de estar en consonancia con nuestro espíritu, “mens sana in corpore sano”, decía Juvenal. Este joven está muy preocupado por tu recuperación, quiere que obedezcas a los médicos y que pronto estés bien del todo y nos duren muchos años tus instructivas y divertidas historias del FARO.
Comer en exceso cuando ya se tienen añitos, no es bueno, y no te puedes enfadar si te retiran parte de las cantidades que demandas, ya que siempre es por tu bien. Si este joven te propone andar todos los días una horita, hazlo con él, pues la charla con este tipo de gente magnífica nos enseña mucho y suele ser bastante satisfactoria, y cuando llegas a casa estás nuevo, reconfortado, con energías positivas y con mayor creatividad de lo habitual. No renuncies a lo fructífero que te da la vida, pues es maravilloso cuando se posee. Recuerda que nuestro cuerpo es una carcasa donde se guardan todos los talentos del alma y somos responsables de mantenerlo en perfectas condiciones, arreglando todas las goteras que le van saliendo y reparando lo que tiende a su destrucción. Este joven te quiere mucho, tú lo sabes, pero por lo general no puede literalmente contigo, porque tú no se lo permites y te encrespas.
Mi consejo es que le hagas caso que nunca querrá tu mal, sino al contrario. Yo le he dicho que cuando los hijos son pequeños, somos los padres quienes nos ocupamos de ellos en todos los aspectos de sus vidas. Los cuidamos, les asesoramos y los llevamos por el buen camino, con el ejemplo. Pero después se cambian las tornas. Son ellos los que han de cuidar de nuestros despistes y darnos todo el cariño que nosotros, cuando ellos eran pequeños invertimos, con nuestro amor y paciencia.
Cuídate, no te abandones, por favor, que tienes que dar todavía toda la sensibilidad que guardas en tu puro corazón, y que aún necesitamos otros, en un mundo que ha perdido los estribos y va descarriado hacia un precipicio irremediable, de egoísmo e impiedad. Pero seres como tú, han de devolver a la humanidad por los caminos de la honestidad y lo sensible.
Que muy pronto nos deleitemos con tu ingenio.





