La sociedad se está moviendo, liderando una protesta por conseguir la eliminación de las concertinas. En un tiempo en el que la protección de los derechos humanos está en boga, en el que existen organismos cuyo único trabajo es evitar que los mismos queden vulnerados, no parece admisible que haya gobiernos que insistan en la adopción de medidas que serán ineficaces pero y que, por contra, causarán mayor dolor. Está demostrado que las concertinas no frenan los intentos de entrada masiva, como tampoco lo hacen los perfeccionados sistemas de control del SIVE en un Estrecho convertido en un enorme ataud.
AUGC defiende otras alternativas, otros medios y vías para que las concertinas puedan ser retiradas. La clase política desoye la voz ciudadana, la protesta pronunciada en las redes sociales, demostrando su poca humanidad. ¿Hemos oído a Caballas, al PSOE, al propio PP hablar sobre estos sistemas de control nulo pero de efectividad asesina? Nada. Callan y se enfrascan en sus propias batallas personales buscando beneficios políticos. Los inmigrantes no votan, así que protestar por unos sistemas que han matado a los sin papeles parece que no interesa.
Los nichos de Santa Catalina guardan cuerpos de aquellos que fueron rescatados tras morir desangrados en la valla. En el CETI hay residentes que aún mantienen en sus brazos y piernas las cicatrices de la escapada. Ellos reflejan el claro atentado contra los derechos humanos que se aplica en la línea en la que todo se permite, en la línea en la que las penumbras persisten, en la línea en la que se callan los derechos humanos que celebramos de forma hipócrita en el calendario.





