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Algunas historias de almorávides

Después de la disolución del califato de Córdoba y debido a las constantes revueltas entre los reyezuelos de aquellos lugares, todavía existentes que aun quedaban con los restos del Imperio Omanida. Los cristianos aprovecharon estas circunstancias para comenzar  su tarea de la

Reconquista. Y debido a la amenaza de tal peligro a estos se les ocurrió la idea de pedirle auxilio a Ali Abu al Hassan (1142-1537), que reinaba en el Magreb, no obstante con petición algunos de ellos pensaron que este auxilio les podría envolver en arriesgadas consecuencias, ya que este guerrero africano había manifestado tener interés por la posición de estas tierras hispanas.
Ante el riesgo prospero la urgente necesidad de pedir el amparo, y por ello fue requerido a que pasase con su ejercito Al-Andalu y como punto de apoyo a esta importante expedición guerrera, el caudillo de los Almorávides marroquíes desembarco en la bahía de Al-Yasira Jadra (la isla verde o Algeciras, además para reforzar esta acción reunió en el puerto de Sebta (Ceuta) a sus naves que con pertrecho, el 20 de junio de 1086 se trasladaron a la Península.
Advertidos los españoles de lo que acontecía, se prestaron para rechazar esta nueva invasión, la cual recordaba lo que sucedió anteriormente con el desembarco de estas fuerzas y en el desastre del Guadalete, pero nada fue suficiente para poder contener el enjambre de estos magníficos combatientes, guiados por un guerrero afortunados y diestro hasta entonces invencibles.
Conocida es la historia de la sangrienta batalla del río Zalaca, para que nos detengamos en este punto, en la que los hispanos quedaron reducidos a las fragosidades de los Pirineos y Vascongadas, pero debido a que Yussuf tuvo que regresar precipitadamente al Magreb, después de una empeñada contienda, la victoria que alcanzaron sobre los hispanos se le amargo con la noticia de la muerte de uno de sus hijos, cosa que le impidió proseguir con sus victorias y a su vez de poder continuar su avance. Tuvo que dejar al mando a uno de sus principales caudillos, y regresó a tierras africanas para solventar sus problemas. Pasado algún tiempo y ya resuelto sus asuntos, nuevamente regreso, ya que los hispanos se habían repuesto de sus desastres y comenzaban a guerrear, sus fuerzas reunidas unos con otros ya no ofrecían un núcleo dividido como al principio.
Pasado algún tiempo, Yussuf informado de los que  acontecían, no tuvo más remedio que reanudar la guerra, pero volviendo a tener dificultades, regreso al Magreb. Volvió nuevamente a España en 1090 al mando de grandes contingentes y pertrechos, no en auxilio de los que al principio les pidieron su ayuda, sino obrando por su cuenta se fue apoderando de los antiguos dominios musulmanes que todavía había en España. Y después por cuenta propia se lanzo a ulteriores empresas guerreras contra los hispanos del norte
Pronto consiguió sus objetivos quedando bajo el dominio todo el califato de Córdoba, excepto el reino de Zaragoza, que prosiguió con su independencia a fuerza de presentes de gran valor, que el emir les enviaba. En una misiva que este le mando a Yussuf le decía que su reino era el baluarte que media entre su poder y el enemigo, y que era el amparo y la defensa de los Muslines, desde que reinaron en estas tierras de sus antepasados, esta fortaleza servia para que los cristianos no entraran en los demás dominios, bajo su mando y que sería su mas cumplida satisfacción la seguridad y confianza de su amistad y confianza de servir siempre la defensa y la propagación del Islam. Por lo que Yussef siempre sostuvo y conservo los más amistosos tratos con el Emir de Zaragoza.
Posteriormente en varias ocasiones tuvo que regresar a África, pero para él siempre le mereció especial cuidado las guerras hispanas, que el quería considérala como del califato Independiente del Magreb. Pasado el tiempo declaró como su sucesor en todos sus estados a su hijo Alí, imponiéndole como condición que encomendara en todos los principales cargos, tanto públicos como militares, a civiles y a jefes militares que fuesen morabitos y de esta forma así poder guarnecer a la provincia hispana empleando guerreros almorávides
Al poco tiempo después abdico y se retiro m estableciendo su residencia en Sebta (Ceuta) donde allí vivió hasta su fallecimiento en 1537 a la edad de cien años y después de haber gobernado unos cuarenta años.

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