Durante toda la semana -y aún nos quedan días- se han ido celebrando actos en homenaje a la mujer. Entrega de premios -todos ellos merecidísimos-, talleres, charlas, escenificaciones... En siete días se produce una saturación de eventos en los que instituciones, partidos políticos o asociaciones quieren dar visibilidad a asuntos vinculados con las féminas. Y lo consiguen en parte, porque desgraciadamente después de la semana todo se olvida y volvemos a las mismas discriminaciones y diferencias permanentes en el tiempo y heredadas de generación en generación. Si una sociedad es capaz de ‘festejar’ el día de la mujer pero incapaz de obtener una igualdad real es que algo está fallando. Vivir de cara a la galería es una farsa, una actitud hipócrita que no resuelve la hilera de situaciones adversas que afectan a las mujeres de hoy en día y que, de no ponerse remedio, seguirán afectando a sus hijas.
Visibilizar la lucha, los méritos y logros de muchas mujeres debe conllevar consigo el que toda la sociedad asuma esa lucha y, por tanto, se implique en alcanzar una normalidad en todo, sin diferencia entre sexos. Y hoy, por muchas milongas que nos cuenten, esto no se produce. Mientras muchas se vean incapaces de realizarse profesionalmente por el mero hecho de ser mujer, sigan topándose con diferencias, sigan soportando cuestiones inapropiadas que no se le hacen a un hombre en una entrevista de trabajo (léase lo típico de ¿se plantea ser madre?), sigan sufriendo una desigualdad a todos los niveles... podremos seguir celebrando actos más o menos lúdicos enmarcados en el 8 de marzo pero seguiremos siendo conscientes de que no hemos conseguido el mayor de los logros: que no tenga que haber un día X para que la sociedad se dé cuenta de la lucha del sexo femenino.






