Durante más de tres horas, el presidente de la Ciudad Autónoma se encerró a hablar con la empresa de autobuses y los representantes de los trabajadores las posibles soluciones que se pueden adoptar para acabar con la nueva plaga de apedreamientos a los vehículos de transporte público, de manera especial en la línea de Juan Carlos I y luego en el mismo Príncipe Alfonso. Por supuesto, de las pocas medidas que se pueden poner en marcha son la de implicar a los agentes de la Policía Local. Pero, a la vez de la reunión, el gabinete de Prensa de la Jefatura Superior de Policía enviaba una nota donde señalaba que un niño de diez años había sido detenido como presunto autor de un apedreamiento en la línea de Juan Carlos I y la consiguiente rotura de una luna. Y es que cuando se producen noticias como ésta resulta que debemos comenzar a preguntarnos que algo está fallando en nuestra ciudad. Porque un niño de diez años, dos o tres con él, están poniendo en jaque a toda una ciudad y a uno de sus servicios fundamentales como es el transporte en autobús. También haría falta reflexionar sobre asuntos de esta índole, porque algo está fallando en el sistema que hemos montado.





