Categorías: Opinión

Algo está fallando

La prudencia que se exige a cualquier asunto que tenga que ver con las relaciones entre España y Marruecos no debe ser confundida con la falta de claridad en hechos incuestionables. En temas tan complejos se exige una contundencia inmediata, sin reparos, sin vaguedades. España ha sido el principal país en la entrega de ayudas económicas a los vecinos. La crisis de las vallas se cortó sin reclamaciones, sin exigencias y con prebendas. ¿Se acuerdan de los vehículos para la persecución del tráfico de drogas que no pudieron trasladarse por Tarajal? Búsquenlos, los encontrarán transformados en vehículos particulares de los agentes de turno. ¿Se acuerdan de las ayudas para conseguir frenar la inmigración? Se contaron por millones y se eligió un pacto de silencio a nivel europeo para que a Marruecos no se le colgará el sambenito de criminal. Eso mientras se difundían las imágenes de los negros llorando dentro de los autobuses, camino al desierto.
Ahora la crisis es más directa, por mucho que al PSOE no le guste ese término. Se insulta a los guardias y policías y Rubalcaba tarda casi una semana en defenderlos, después de que los sindicatos hubieran hablado con anterioridad. Se colocan carteles agresivos en las fronteras y Moratinos ni aparece. Se cuestiona la labor de la Guardia Civil, y las delegaciones del Gobierno y partidos socialistas de las hermanas cuelgan el ‘estamos de vacaciones’ para no pronunciarse.
Algo está fallando cuando tiene que ser el Rey el que intervenga y cuando no se han producido quejas contundentes ante los desprecios dados por el llamado comité para la liberación de Ceuta y Melilla. El espectáculo al que estamos asistiendo deja espacio a todo menos a las bromas. El silencio de los corderos hace tiempo que empezó a escenificarse. Existe un comité, se colocan carteles de ‘Ceuta o Melilla ocupadas’, aparecen pasaportes con el término Ceuta (Marruecos), desaparecen los espías del CNI descabezando el sistema de inteligencia y comienza la guerra contra la labor de los agentes. España flaquea, más que nunca, en su servicio diplomático, es incapaz de responder con la firmeza debida y actúa desnortada ante un camino de chantajes. El comité ya tiene el despropósito de anunciar un calendario de presiones en base al cual no dejará entrar a los trabajadores marroquíes que laboran en Melilla bloqueando un tránsito personal como ya hizo con el abastecimiento de alimentos. Si a esto España le llama ‘incidente’, entonces es que algo falla porque tenemos un problemón grave en nuestra propia casa.

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