A los catorce años un golpe de la vida lo convirtió en empresario. Luis Weil, reconocido por su trayectoria en Ceuta, ha fallecido este miércoles a los 95 años. Su partida ha dejado una profunda huella en sus seres queridos, quienes lo recuerdan como un hombre sencillo, trabajador y calmado.
Llegado desde Melilla, pasó toda su vida en la ciudad. Desde bien temprano empezó a llevar el negocio familiar a raíz de la pérdida de sus padres. Sus tíos lo regentaron durante un tiempo hasta que él se puso al frente. Al mismo tiempo que cursaba sus estudios, se hacía cargo del mismo.
Ese tan solo fue el punto de partida a un camino plagado de éxitos. A la fábrica de refrescos e hielos se sumó en 1956 otra dedicada a la producción de cerveza. Él mismo impulsó su puesta en marcha. África Star estuvo abierta hasta los años 90, según cuenta su hijo, Alberto Weil. “Fue su director durante mucho tiempo. Era una sociedad”, comenta.
Vinculado a esas inconfundibles camionetas rojas cargadas de bebidas refrescantes, también estuvo ligado a otros sectores relacionados con el tejido comercial local. Al ámbito empresarial se unen otros cargos que desempeñó a nivel más público.
Uno de los más destacables fue su periodo como presidente de la Cámara de Comercio, puesto que ostentó en torno a quince años. “Hablo de memoria, no recuerdo la fecha”, admite.
Fue representante de la marca Canon. “Un día me lo contó. Me dijo: estuve llevando cámaras a Ceuta en aquella época”. Su andadura fuera de sus propias oficinas no solo se quedó ahí.
Ejerció como máximo responsable de lo que se conocía como la Junta del Puerto durante un bienio. A este se une otro mérito más como secretario en la Mutua de Ceuta. “Eso era fuera del trabajo. Todo eso se llevaba en aquella época, como quien dice, de forma altruista”, detalla.
Era un hombre cercano y volcado en sus proyectos. Prueba de ello es uno de los datos menos conocidos de la vida de Luis. “Siempre tuvo otra faceta, que son las labores que hacía en casa, en un despacho que tenía”.
“Desde que finalizó su grado universitario en los cincuenta, no ha parado. Hasta que se jubiló”, señala su hijo. A pesar de estar retirado, siempre estuvo activo y ojo avizor al negocio familiar al que le dedicó su vida.
Estaba muy ligado al sector empresarial y “trabajaba como un condenado” hasta el momento de dejar su periodo de actividad laboral. Aunque su gran parte de su mundo era ese, tenía otros.
Alberto sabe de buena tinta que su padre era un apasionado de fútbol desde joven. Él mismo lo llevó a las gradas para ver partidos de la AD Ceuta en los 70. No era su único pasatiempo.
Otra de sus grandes aficiones era la náutica. Más tarde, descubrió el tenis, un deporte del que disfrutaba. “Jugó hasta que ya dejó de estar físicamente preparado para ello”, asegura.
A nivel personal, Luis Weil, antes de llegar el último adiós a sus 95 años de edad, estaba felizmente casado. Sus cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres, son fruto de ese matrimonio que ha pervivido a través de las décadas.
Embargado por la emoción, le cuesta dar con las palabras que mejor describen a su padre. “No era una persona que se complicara la vida. Era sencillo. Se centraba en su trabajo, en su cafelito con los amigos, que lo tuvo hasta hace poco, su paseíto y su familia”, manifiesta. “Era calmado, tranquilo, trabajador y buena persona. Espero que se me haya pegado algo de él”, menciona.
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