La familia de José Andrés Fernández Ayala, “vecino de Ceuta de toda la vida”, ha querido hacer público su fallecimiento y, al mismo tiempo, trasladar el profundo amor, admiración y agradecimiento que este hijo de Ceuta se ganó con su bondad y espíritu noble.
Este conocido de la ciudad dedicó su vida a la conducción, donde desempeñó labores en Grúas El Hacho y “en la empresa de autobuses”, según ha trasladado su mujer.
José Andrés falleció el pasado 24 de enero, a los 51 años de edad, a consecuencia de un tumor, dejando un vacío inmenso entre quienes lo conocieron y compartieron con él algún momento de su vida.
Un hijo de Ceuta
José Andrés Fernández Ayala fue, ante todo, hijo de Ceuta. Nació en la ciudad y estuvo unido a ella durante toda su vida, tanto personal como emocionalmente. Aunque en los últimos cuatro años residía en Algeciras junto a su esposa, Carmen García Olmo, y sus dos hijas, María, de 27 años, y Carmen, de 19, su vínculo con Ceuta jamás se rompió.
“Nosotros somos de Ceuta, de toda la vida”, explica su mujer en la conversación mantenida con El Faro, resaltando ese sentimiento de pertenencia que siempre llevaba por bandera su marido.
Un final desconcertante
El inicio de la enfermedad fue repentino y desconcertante para la familia. El pasado 11 de diciembre acudieron a urgencias tras sufrir José Andrés un fuerte dolor de cabeza.
En un primer momento no existía diagnóstico alguno. Fue ingresado el día 16, cuando se les comunicó que padecía un tumor. Apenas unos días después, el 24 de enero, falleció en Algeciras.
A sus 51 años, José Andrés era una persona muy conocida y querida. Su esposa lo define como alguien “muy bueno para todo el mundo”, siempre con una sonrisa, siempre dispuesto a ayudar y a hacer la vida más fácil a quienes lo rodeaban. Esa forma de ser, cercana y positiva, hizo que dejara una huella profunda en familiares, amistades y conocidos.
Unido a Los Rosales
A lo largo de su vida, José Andrés residió en distintas barriadas de Ceuta. Fue conocido especialmente en Los Rosales, donde pasó parte de su infancia y juventud y donde forjó numerosas amistades que mantuvo con el paso del tiempo.
También vivió en El Morro, Gran Vía y, finalmente, en El Sardinero. Aunque desde muy pequeño se marchó de Los Rosales, el cariño nunca se perdió, llegando incluso a formar parte de grupos de WhatsApp de amistades que seguían unidas con los años.
El velatorio se celebró en Algeciras, pero la familia sintió la necesidad de despedirlo también en Ceuta, la ciudad que tanto quiso. El pasado 22 de enero se celebró una misa en la Iglesia de África.
Carta de la familia
Los familiares han querido también publicar una carta de agradecimiento en memoria de José Andrés Fernández Ayala:
“La esposa, hijas y familia de José Andrés Fernández Ayala agradecemos todo el cariño y apoyo mostrado tras esta dolorosa pérdida, tanto a las personas que se desplazaron desde Ceuta a Algeciras, como las que fueron a la Misa que se celebró en Ceuta. Fue impresionante ver a tantas personas que nos acompañaron para despedirse de él.
Todos los que lo conocisteis sabéis qué tipo de persona era, siempre tan complaciente, amable, excelente marido, padre, hijo, hermano, amigo. Tantas personas nos han hablado bien de él, palabras tan bonitas que sólo se les puede decir a una gran persona como él, como por ejemplo:
- “Me miraba, sonreía y ya me alegraba el día”
- “Te queremos mucho y nunca nos olvidaremos de esos hoyuelos”.
- “La sombra de José es muy larga”.
- “Siempre vivirás en nosotros mientras te recordemos y sobra memoria para recordarte”.
- “No es justo, pero siempre se lleva el de arriba a los mejores…, sé fuerte, no hay palabras de consuelo, solo tiempo, nunca curará, pero te acostumbrarás a vivir recordando, y recuérdalo siempre con una sonrisa. No se merece que lo recordemos apenadas. Sois muy afortunadas de ser parte de él, de vivir lo que habéis vivido con él, de los recuerdos que compartís juntos. Todo eso no se merece ser emborronado por su marcha. Recordarlo siempre como si nunca se hubiera ido”.
- Mi hermano fue una persona maravillosa que sembró un amor infinito en una vida tan bonita que tuvo e injusta a la vez. Nos sentimos muy arropadas y sentimos el cariño que tienen a mi hermano”.
- “Hola hermano, siempre nos hemos llamado así y no voy a dejar de hacerlo ahora. Esto no es un adiós, es un hasta luego. Me gusta pensar que volvemos al tiempo y al lugar en el que fuimos más felices y que nos encontraremos ahí para continuar juntos el viaje. Le comentaba a tu hermana Desi, que no nos hemos visto tanto como nos hubiera gustado pero que nuestro afecto ha permanecido intacto ¡Al final ese es nuestro mayor patrimonio! La gente que nos quiere y a la que queremos. Esto no es una despedida, sino una declaración de gratitud. Gracias por formar parte de mi constelación de afectos. Gracias por todos los momentos de la infancia que me regalaste y que me siguen alimentando. Gracias por ser una persona buena y bonita. Gracias por esa confianza inquebrantable. Te quiero hermano. Lo sabes, pero quiero repetírtelo hasta quedarme sin voz ¡¡¡Te quiero, te quiero, te quiero!!!
Algo que se ha repetido mucho es, ¡qué lección nos ha dado a todos, que de cosas nos ha enseñado! Eso, entre tantas y tantas palabras maravillosas.
Ahora, hablamos en presente porque nos gusta pensar que sigues entre nosotros, es muy difícil asimilar que no volveremos a verte, sentirte, escucharte. Nosotros esperamos que nos estés escuchando desde el otro lado, y queremos agradecerte por haber sido el mejor esposo, padre, hijo, hermano y amigo que podríamos haber soñado. Eres grande José, muy grande, a muchos de nosotros nos gustaría ser como tú, aunque lo has puesto muy difícil.
Decirte que estamos muy orgullosos de ti, porque eres un ejemplo a seguir en todos los sentidos:
- Eres buena persona, allá donde vas siempre con una sonrisa y educación, prestando ayuda y haciendo la vida de los demás más fácil.
- Eres valioso, porque sabes disfrutar de los pequeños momentos y de lo cotidiano: un atardecer, una película, un baño… Tu interior está lleno de valor porque al saber apreciar todas estas cosas te lleva a rebosar felicidad, la cual se hace notar.
- Has creado una familia maravillosa, con un amor tan poderoso que es capaz de cruzar los límites de las fronteras que nos separan.
- Eres exitoso. Creíamos saber lo que era el éxito, pero nos has hecho darnos cuenta qué hay detrás de lo que ese nombre otorga: una persona feliz, que el que tenga el honor de conocerla se vuelve imborrable en su memoria porque es capaz de crear un íntimo vínculo en un breve periodo de tiempo. Y esto tan difícil lo has conseguido muy fácil y se manifiesta en cada una de las muchas personas que han venido a despedirse de ti.
Donde quiera que estés, sabemos que nos mandarás mucha fuerza para encaminarnos a tomar las mejores decisiones y con ello poder vivir una vida feliz y llena de alegría como la que tú viviste.
No encontramos las palabras para expresar lo bueno que eras, tan lleno de vida, de alegría, de esas ganas de vivir que tenías, de viajar, lo bonito que era vivir contigo día a día y lo mágico y maravilloso que eras, tanto, que se reflejaba en la gente que te rodeaba.
Nos alegrabas la vida con tus chistes malos, los contabas con tantas ganas que los hacías hasta graciosos, tan graciosos como tú.
La gente se merece tener a alguien como tú en sus vidas, pero si lo tuvieran, no serías único, porque dos como tú no hay. Y qué suerte haber conocido a alguien así, porque nos enseñaste lo más bonito de vivir, amar.
Gracias por enseñarnos cómo vivir siendo feliz y por inculcarnos una nueva meta en la vida, ser al menos la mitad de todo lo que fuiste, porque no hay una sola palabra indicada para definirte.
Hoy hay un ángel más en el cielo, porque el mundo no está preparado para alguien tan bondadoso como tú.
Por favor, ilumina nuestros caminos y siempre sabremos que proceden de las luces de tu moto en la ruta que te encuentras ahora mismo hacia la eternidad.
MUCHAS GRACIAS POR TODO. TE QUEREMOS".






