Siendo una de las actividades más tradicionales de nuestra ciudad, en la playa del Chorrillo nos encontramos con los “puestecillos de volaores”, negocio llevado a cabo por personas a las que verdaderamente les gusta lo que ofrecen.
Todos los que vivimos aquí los conocemos, ya sea por haberlos visto una y otra vez o por ir a comprar habitualmente; nunca dejaremos de verlos ni de saber de lo que se trata cuando nos hablen de ellos, ya que es una actividad que caracteriza a Ceuta.
Rafael Sánchez, junto con Rocío Rin García Latrex, dueña del puesto al que nos hemos dirigido, lo sacan adelante con experiencia de años atrás.
La tradición del pescado seco es llevada a cabo desde hace más de doscientos años. Al preguntarle a Rafael si se trataban de negocios familiares, dice que pueden ser de padre, hija y hermana o un negocio compartido por dos amigos, pero que no es un negocio que se suela heredar, sino que las personas mayores se retiran y pasan a heredarlo jóvenes u otras personas no tan mayores dispuestas a dedicarse a esto durante horas. Y al hablar de horas, nos comenta que se pueden pasar allí entre diez, quince o veinticuatro, es decir, vivir por y para ello.
“La época del año en la que se pesca suele ser en los últimos días de abril y últimos de septiembre”. Así nos lo cuenta Rafael al interesarnos por la pesca. Al parecer influye el tiempo, ese Levante y Poniente también típico en nuestra ciudad; se pesca en Marruecos y mucho mejor con el Levante. “A la hora de secarlos, se seca mejor con el Levante que con el Poniente”, explica.
Corto y sencillo resulta, para Rafael y Rocío por supuesto, el proceso llevado a cabo para poder poner en venta el bonito, el pez volador, la agujeta y las huevas, con precios diferentes según el tamaño y tipo de pescado, siendo a la vez bastante asequibles.
“Abrirlo, limpiarlo, y secarlo el tiempo que cada uno crea necesario”, explican a El Faro. Cada dueño le dedica el tiempo que cree conveniente a su pescado para secarlo, no se le pone límite, simplemente depende de la forma que tiene cada uno de seguir diariamente su actividad. Como bien dice el dicho: cada maestrillo tiene su librillo.
A estos puestos se les denomina secaderos, y nuestra playa del Chorrillo cuenta con ocho y un dueño diferente para cada uno de ellos. Según Rafael, se hace pesado para el que está continuamente allí, dedicándose las veinticuatro horas del día al puestecillo y a sus ventas, pero para los que están dos horas cada mañana o tarde, resulta muy agradable y entretenido.
Los meses con los que cuentan para la subida de ventas son julio y agosto, por ello hay que esperar a la suerte y a que a la gente le guste y vuelva a comprar.






