Paloma López Cortina / ceuta
Asegura que el Corán es la cumbre de la elocuencia y “ese milagro” establece un orden indispensable para el bienestar del ser humano. Ayer disertó durante la segunda jornada del III Congreso Islámico de Ceuta sobre la aproximación al texto sagrado a través de la ‘Exégesis Al-Qurtubi’ y pidió al auditorio, a rebosar, “que estudien el Corán” porque con memorizarlo “no es suficiente” porque “detrás de cada versículo hay muchas cuestiones y no tenemos potestad para interpretarlas”. La Fundación Pluralismo y Convivencia ha valorado su trabajo de dar a conocer el Corán de manera clara para elevar el nivel cultural sobre el mismo de la población musulmana y contribuir a su conocimiento en el resto de la sociedad.
–Se convirtió con 30 años tras una zozobra interior que consiguió apaciguar después de saber que era el Islam el que daba respuestas a todas sus dudas . ¿Por qué el Cristianismo no se las ha dado?
–Eso mismo me pregunto yo. ¿Por qué hay un pueblo que se calla ante el mensaje del Corán y no dice que Jesús anunció después a otro profeta, a Muhammad, con 1.500 seguidores en todo el mundo...? Notaba que algo faltaba y yo era una persona inquieta que hacía tertulias alrededor de la mezquita de Córdoba donde hablábamos de nuestras dudas existenciales y comenzamos a atar cabos...
–Allí inició el camino del ateísmo al islamismo, en los alrededores de un edificio tan emblemático como la mezquita de Córdoba ¿qué opina de que se les prohíba el rezo a los musulmanes?
–Yo al ser de Córdoba me dan una entrada gratuita que pone “usted entra en un templo católico” y si haces un movimiento para hacer oración en cualquier esquina llegan dos guardias de seguridad, agarran al musulmán por debajo de los brazos y lo sacan afuera. La Iglesia Catedral está en el centro y alrededor hay muchos sitios y espacios tranquilos en semioscuridad para poder hacerlo. Yo apoyaba a Martín Escudero, que apostaba por la posibilidad de que rezaran las tres culturas mayoritarias que han convivido en Córdoba. Que ahora esto no suceda no se entiende al tropezar con esa intransigencia. Yo, particularmente no me siento a gusto rezando ahí. Para reivindicar un tema político, pierde espiritualidad y concentración el rezo. Hoy en día la Iglesia tiene mucho poder.
–¿Cree que hubo un cambio del resto de población hacia su comunidad tras el 11-S? ¿Ha notado un incremento del racismo?
–Estados Unidos acusa a países musulmanes de estar en el ‘Eje del Mal’ y van y les invaden para luego vender más armas y lanzar un discurso que la gente se cree. Les meten miedo donde no lo hay. Las personas deben ir a las fuentes de conocimiento para ver que todo es una patraña y no podemos creernoslo. Lo que se produce en España después del 11-S... quizá el régimen de Aznar se pliega a las exigencias de EEUU con las Azores, la invasión de Irak y luego ya encarta lo que ocurrió en el 11-S, se acosa más a la población palestina y gente descontrolada sin una preparación adecuada que no sabe donde situar su aportación decide alistarse porque dice que lo tiene todo perdido y nada le queda ya que perder más que su vida. Desgraciadamente pasan estas cosas. Es lamentable que muera gente que no tiene nada que ver pero los políticos no actúan de la forma más equilibrada y reposada y si hay violencia no hay que responder con mayor violencia. Es una apreciación muy lógica y sencilla de deducir. No tiene razón de ser, pero la esencia, lo que beneficia y aporta realmente a la comunidad del Islam, se echa por tierra. No es la panacea para resolver todos los problemas de la tierra pero sí te marca un camino ordenado y un método recto.
–Hablando de método, usted ha estudiado la Sharia o Ley Islámica con detenimiento, una guía de conducta para todo buen musulmán que en algunos estados islámicos se ha instituido formalmente. ¿Unir moral y política es un buen sistema?
–Tiene que ver, pero puede ser una misma cosa o circunstancialmente y necesario también separarlo. El emir organizaba y tenía esa capacidad de dirigente que no podría separarse aquí, porque en el islam no es sólo creencia, es una forma de vida integral, incluye aspectos sociales, políticos... Pero cuando intervienen diferentes culturas es indispensable separarlo para que se entienda el funcionamiento y que no interceda con las leyes del país. En la época de Omar, el segundo califa, antes de irse a acostar por la noche daba una vuelta por Medina y veía que todo el mundo tuviera que comer. Entonces no había razón para robo. ¿Pero cómo puede aplicarse esta ley? Está en el Corán, vale, al ladrón se le corta la mano, pero para llegar a la aplicación de la Sharia hay que interpretar el Corán correctamente y pensar en lo que está escrito.
–En ese sentido el hadd, el crimen castigado con penas severas como la lapidación, es la gran polémica. ¿Qué opinión le merece su aplicación en países como Arabia Saudí?
–El hadd no se puede aplicar en esos países por completo.
–Ha vivido allí mientras estudiaba en La Meca la lengua árabe. ¿No se llevan a término ejecuciones entonces?
–No te digo que no haya habido alguna ejecución pero yo no llegué a verlas. Es imposible una aplicación estricta de la Sharia porque se les escapa de las manos el que la gente viva de una forma justa. Por eso esa ley se tiene que aplicar cuando se han eliminado todos los motivos para incurrir en el delito que merece la pena. Matar al asesino es para dar ejemplo a los demás pero no le va a devolver la vida.Se trata de dar escarmientos y no de matar a los hombres o a las mujeres de manera impune.
–¿No había mancos por la calle?
–Yo no he visto ninguno.
–Será por que no se roba...
–No se roba, es verdad.
–¿Cuándo se aplica la ley islámica los países son más seguros?
–Sí. Los países no están preparados para aplicarla de forma escrupulosa es cierto pero que hay más seguridad es verdad y que los coches se dejan abiertos, que las tiendas ponían una tela por encima a la hora de la oración... y vas por la calle de una forma tranquila.
–Actualmente preside la Comunidad Musulmana Española de la Mezquita At-Taqwaa de Granada. ¿Es complicado ser musulmán en España?
–A nivel de instituciones se ha instalado la hipocresía y si hay que hablar para la prensa el alcalde de turno dice que nuestra ciudad es la primera en el respeto y tolerancia a otras culturas, pero luego vas a proclamar tus derechos y encuentras trabas por todas partes. Nos ha costado muchos años rehabilitar y acondicionar el cementerio musulmán que Franco habilitó para los combatientes en la Guerra Civil que reclutó en el Rif. En concreto hace tres años lo conseguimos y comenzamos en el 80 a pedir poder arreglarlo. Eso de oir “a los musulmanes ni agua”, que no te lo dicen a la cara pero luego te enteras, y estas actitudes desembocan en fanatismos religiosos deleznables. En la calle, en la mezquita que estoy, al comienzo de la subida al Albaicín, existe una convivencia magnífica, la gente alegre, contenta... porque nos conoce. Antes había tabernas, asaltantes, nadie se atrevía a subir y cuando llegamos a habitar esa zona que antes habitaban los moriscos, y revalorizamos las casas y se convirtió en Patrimonio de la Humanidad demostramos nuestras ganas de convivir y de aportar a la comunidad. También hubo cierta prensa que echa leña al fuego. Tras el 11-M aparece un fin de semana en El País un titular enorme que decía ‘El Albaicín a la sombra de Bin Laden’. A partir de ahí aparecen sospechosos y empiezan a montar unas historias que desembocan en el querer manipular a la opinión pública, meter miedo e infundir cierto temor en la gente, que si desconoce algo, ya lo teme.
–Ese temor quizá se refleje en las tesis del catalán Jusep Anglada que dice que las mezquitas son un peligro para España, por ejemplo y cuyo partido político ha incrementado notablemente sus apoyos en los últimos tiempos. La ultraderecha toma fuerza en Europa. ¿Teme que España siga ese camino?
–Yo no lo veo factible en España, porque lleva otro ritmo. Aquí la única referencia que lastra un poco a los musulmanes es el rastro que dejó la Iglesia antes. No creo que esta acción de la ultraderecha tenga aquí futuro. El Islam en España es muy variopinto, no es un fenómeno árabe o una oleada que venga... muchos salimos a estudiar el Islam, amparados en la Constitución de la libertad religiosa y hoy tenemos funciones en las mezquitas y desarrollamos una labor que va a más. Convivir con este tipo de declaraciones no es nuevo para nosotros. También hablan de la discriminación de la mujer. Yo soy de la opinión de que, como musulmán, nuestro legado es muy rico y ese lenguaje que a veces se toma del mundo occidental es para provocar o desviar la atención y que no se vea realmente cómo somos por lo que no debemos entrar al trapo, sino mostrar la correcta interpretación del Islam.
Una conversión que le llevó de la zozobra a la paz
Nació en córdoba en 1951, en un pequeño pueblo situado a 12 kilómetros de la capital, en el seno de una familia humilde que se esforzó por enviar a un internado a cinco de sus siete hijos. Allí estudió con los Carmelitas hasta que apostó por el Magisterio y comienza a impartir la enseñanza dedicando los veranos a viajar “para llenar mi espíritu que se sentía inquieto”. Conoció Siria, Marruecos, Egipto, Turquía y decidió solicitar un año de trabajo en el Sáhara. Impresionado por la vida de un grupo humano musulmán que sin tener nada dormía feliz, aún recuerda una mezquita sobre la arena fina, tersa y limpia y la paz que le trasmitía todo eso. Ya en Córdoba, a su regreso, comenzó a trabajar en un colegio privado pero el vacío y la zozobra continuaba en su interior. Se casa, tiene una hija, pero las pesadillas le atosigan y recuerda como una sala llena de puertas con tan sólo una iluminada y deslumbrante a la que trata de dirigirse pero algo se lo impide. Sentado en un banco en la plaza de Colón de Córdoba, donde había un morabito, escucha la llamada a la oración de la tarde y siente que calma su estado de ansiedad, intranquilidad y desasosiego. No entiende nada de lo que dicen en sus oraciones. Sólo siente calma. Entra. Cuando finaliza el rezo, le dice al imán que quiere ser musulmán. Acude entonces a Granada, donde estaba una mayor comunidad y al llegar, el responsable le preguntó si estaba seguro de esa decisión, le responde que sí pero le invitó a volver una semana más tarde. “Fue una semana terrible, pero regresé, más seguro aún”, explica. “Me faltaba la respuesta a esa declaración de fe, yo era ateo, entendía que había algo pero me faltaba esa referencia de qué hago aquí y hacia dónde voy”. El Islam le sacó de la gran duda existencial: “Venimos de Alláh y a Alláh volvemos” y saber eso le ha llenado de plenitud y tranquilidad. Su mujer lo comprendió y con el tiempo también se convirtió. Dejaron atrás Córdoba y en ese borrón y cuenta nueva iniciaron un camino lleno de sentido en medio de una transacción asentados en Granada. “Mis padres alucinaron y al principio pensaban que era temporal pero mi madre terminó convirtiéndose aunque mi hermana, como militante comunista no lo comprendía”. Tuvieron dos hijos más. Ahora es feliz. Siente paz y asegura que la elocuencia del Corán es la que lo ha podido hacer posible tras muchos años de estudio.
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