Un grupo de diez subsaharianos, entre los que se encontraba una mujer, llegó ayer al Recinto a bordo de una patera a motor de 25 caballos. Matriculada en Ceuta, la embarcación figuraba como robada, y fue dirigida por los propios inmigrantes hasta los acantilados que asoman frente al ambulatorio. Los inmigrantes venían muy cansados y
bastante desorientados. De hecho, tras salir de la patera y tocar tierra, emprendieron la huida por la zona por lo que tuvieron que intervenir varias patrullas de la Guardia Civil para localizarlos. Uno de ellos llegó a la carrera hasta el Paseo del Revellín, en donde fue interceptado por una patrulla policial.
Asustados, los subsaharianos no sabían siquiera dónde estaban. Algunos pensaban que seguían en Marruecos y otros pensaban que iban a ser expulsados. “¡Marruecos no!”, decían. Nada más llegar a la carretera, algunos sacaron sus teléfonos móviles para informar de su llegada, otros intentaban calmarse pero los había también quienes, desconfiados, miraban atónitos a todas las personas que tenían a su alrededor: guardias civiles, policías, muchos ciudadanos y voluntarios de Cruz Roja... sin saber a ciencia cierta cuál iba a ser su futuro inmediato.
Las distintas patrullas de la Guardia Civil que estaban operativas se repartieron por la zona para localizar a todos los subsaharianos. En esta ocasión el miedo era patente en todos ellos, hasta el punto de que a pesar de las advertencias de los agentes, seguían corriendo. Incluso uno casi llega por sus propios medios a la Jefatura Superior.
La patera usada para la entrada fue recuperada por el Servicio Marítimo de la Guardia Civil y trasladada a base para su investigación posterior. Los subsaharianos, procedentes de Guinea Conakry, Gambia y Camerún, fueron reconocidos in situ por los miembros del ERIE de Cruz Roja, sin que se tuviera que proceder a traslado alguno al Hospital. No obstante había quien venía en muy mal estado, al presentar cuadros de hipotermia que si bien no requirieron su evacuación sí que pusieron a prueba a los componentes del ERIE, que a base de mantas y calor humano pudieron recuperarlos. Ésas fueron sin duda las escenas más dramáticas, las de una atención extrema que nunca es igual. Los agentes de la Guardia Civil también ayudaron a varios de los inmigrantes a subir a la carretera y a trepar por la zona rocosa.
Esta patera es la primera que llega después del naufragio ocurrido en la bahía sur en el que falleció un senegalés, Abdoul, y desapareció un congoleño, cuyo cuerpo aún no ha sido encontrado.
Las huidas de inmigrantes de Marruecos son escasas en comparación con el elevado número de subsaharianos que son interceptados por las unidades marítimas de Marruecos o en los campamentos ubicados en las zonas fronterizas.
Las redadas llevadas a cabo son masivas y duras, lo que lleva, cada vez más, a que los subsaharianos intenten escapadas a la desesperada en embarcaciones por las que pagan una plaza.
Los rescatados ayer ocupan ya un hueco en el CETI del Jaral, de donde esta misma semana salía casi medio centenar de subsaharianos con distintos puntos de acogida en la península. La situación se va controlando combinando las entradas que se registran con las salidas, favoreciendo así que el centro de estancia temporal pueda disponer del espacio suficiente como para dar una acogida digna a todo el que llega a la ciudad.
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