La ministra de Defensa, Margarita Robles, regresó ayer a Ceuta por segunda vez en poco más de un año para demostrar con el ejemplo que en su caso las palabras que ensalzan el carácter de la ciudad y su importancia por la especial vinculación histórica que tiene con el Ejército no son frases huecas o que sirven para adornar un viaje para un mandato.
Su equipo también probó capacidad para hacer hueco en unas horas a encuentros con los familiares de los soldados de la guarnición local fallecidos durante los últimos tiempos, así como con los heridos de mayor gravedad, pero también con las viudas de Regulares con las que la administración española mantiene una deuda histórica.
A su lado es cuanto menos sonrojante la falta de disponibilidad y sensibilidad para conocer de primera mano la problemática local y a los responsables de los departamentos bajo su mando de los titulares y primeros altos cargos de otros departamentos que para más inri únicamente mantienen competencias directas en las ciudades autónomas.
De la ministra cabe esperar ahora que su implicación y compromiso político y personal con la ciudad se traduzca en acciones efectivas a la hora de facilitar el desarrollo de la ciudad con la cesión de terrenos susceptibles de ser abandonados en el marco de la implementación del Plan de Concentración que Defensa debe acelerar todo lo posible también en beneficio de la guarnición local y de sus condiciones de trabajo.






