El intento de entrada de prácticamente mil personas por el vallado ejemplificó una coordinación clara y sin estridencias entre España y Marruecos. Agentes de uno y otro lado cooperaron dentro de la normalidad que requiere un espacio fronterizo olvidado por Europa a pesar de constituir su frontera sur.
Al igual que oficiales marroquíes cruzaron a España para tratar in situ con la Guardia Civil, lo mismo hicieron los enlaces que operan a este lado. El intercambio de datos y el reclamo de cooperación fueron constantes en las más de cinco horas de auténtica tensión ocurridas en la línea fronteriza.
La colaboración aérea de la Guardia Civil guiando a la mehanía aporta un plus a una escena complicada en la que están en juego muchas vidas. No hay que olvidar nunca el aspecto humano de situaciones de este tipo en el que cualquier mala decisión puede terminar en tragedia.
Esa fue sin duda la clave de un intento de entrada que hacía años que no se veía en esta magnitud. Hubo heridos y detenciones pero dada la cantidad de personas y la tensión generada pudo haberse producido una tragedia de no haberse puesto sobre el terreno una coordinación constante y sin quiebras.
Detrás de esas cifras se esconden las historias de auténtica desesperación que no se conocen y que llevan a movimientos masivos como este.
Quizá ahí faltó voz. Ese silencio asombroso por parte de quienes dicen defender a los inmigrantes fue demoledor.






