El Banco de Alimentos realiza una gran labor para atender los problemas que sufren muchas familias por la carestía de lo más básico: la comida. Hasta que no se está en esa situación uno no es consciente de la importancia de entidades como esta que no olvidan que el hambre no se va de vacaciones. Por ello muchos de los voluntarios han invertido este periodo de descanso en seguir haciendo lo que más les llena de satisfacción: atender a ese perfil de usuario del Banco, sobre todo parejas jóvenes que no tienen una inyección económica estable que les asegure cubrir lo más básico.
La entidad reconoce que está en una mejor situación que otros Bancos de Alimentos de la Península pero no por eso hay que bajar la guardia ante situaciones adversas, buscando tener siempre fondos garantizados para atender cualquier penuria que se produzca.
Quienes trabajan en sacar adelante esta labor son personas que tienen sus propias familias a su cargo pero que buscan siempre el hueco necesario para esta acción solidaria que recompensa como ninguna.
Ceuta sigue teniendo gente necesitada a la que hay que tener en cuenta para tender una mano porque no se sabe en qué momento de la vida uno puede terminar encontrándose en esa misma situación.
La solidaridad es propia de una sociedad caballa que es la primera en volcarse cuando otro necesita atención. Una premisa que nunca debe olvidarse porque es lo que nos hace grandes.






