Es curiosa la política seguida por algunos medios de comunicación con los bulos. Las iniciativas orientadas a evitar su propagación no sirven cuando existe un empecinamiento en dirigir la opinión pública hacia unas tesis concretas aunque sean falsas.
En 2019 el Gobierno de España activaba una unidad contra la desinformación ante las elecciones. Aquello terminó sucumbiendo a esa realidad resumida en que nada puede joder un titular cuando se empeñan en mantenerlo. Y así es.
Hoy todavía algunos medios de comunicación mantienen en sus portales una noticia falsa, la de que Ceuta y Melilla no aparecían en el mapa de la presentación de la Presidencia española del Consejo de la Unión Europea. Estaban, pequeñas como siempre, pero estaban.
La falsedad de aquella información promovida por un medio nada creíble porque tiene a sus espaldas multitud de noticias falsas siempre referidas a los mismos asuntos y persiguiendo el mismo interés no fue contrastada por el resto. Y así, como viene siendo habitual en la prensa, hubo quienes únicamente centraron su trabajo en copiar y pegar.
Copiaron y pegaron una mentira, un bulo, una falsedad. Lo hicieron obviando su obligación de contrastar lo que ven y hoy, días después de aquello, siguen manteniendo la mentira por no reconocer que cayeron en la trampa lo que evidenciaría lo mal trabajadores que son. Porque quien resume su trabajo en un mero copiar y copiar es la antítesis de un periodismo en mayúsculas, como todavía algunos todavía lo consideramos y apreciamos. Si ustedes hacen una simple búsqueda de la falsa noticia se darán cuenta de la cantidad de medios de comunicación que la siguen mostrando como si nada, que no la han borrado. Y esto se produce con un hecho de máxima difusión, qué no se hará con otros asuntos que pueden pasar más por alto.
Nunca se acabará con esta práctica porque existen intereses más allá del respeto a la verdad. Todo lo que se venda y promueva para vetar las fake news no dejará de ser una lucha contra un muro infranqueable. Aquí tienen un ejemplo.






