La campaña electoral cumple su semana ofreciendo la imagen que nos temíamos. Buena parte de las intervenciones ofrecidas a los medios de comunicación por los partidos se están centrando en proponer medidas que no se pueden cumplir -y lo peor es que lo saben- o en iniciar batallas en una clara lucha de egos. No hay más.
Unas batallas difíciles de entender entre quienes hasta justo antes del inicio de la campaña evidenciaban una colaboración en todo, una colaboración que ha pasado a la nada. Es el preámbulo del 28M, capaz de cambiarlo todo.
El ciudadano pone en marcha el piloto automático y hasta resulta gracioso que el mismo vecino que sale en la foto de una visita de barriada de un partido abrazando al líder vuelva a ofrecer ese mismo gesto con otra formación. Tenemos hasta clones del ‘mocito feliz’, se lo aseguro.
Queda una semana justa para dar a conocer ideas, proyectos, algo más que una visita de barrios, una difusión masiva de las fotos más complacientes o hasta una cumbia socialista. Las campañas están para algo más que subirse fotos de equipo a las redes sociales, están para que el ciudadano comprenda que ir a votar supera en importancia irse a pasar el fin de semana a Marruecos o a la playa.
Y créanme, es difícil que el ciudadano entienda que el gesto sencillo de acudir a una urna vale su precio en oro cuando les damos estos ejemplos. Ojo con el tiempo, que como nos salga un sol complaciente, con el ejemplo que se está dando, el ceutí se plantea eso de ir a echar la papeleta y se larga buscando como invertir las horas en gozar del tiempo libre. Sin más.
No es difícil, en vez de organizar tantos canutazos para no decir nada, mejor se haría en organizar unos actos concretos con los que sorprender al ciudadano.






