El dolor por la pérdida de un hijo es insuperable. Más si te lo arrebatan de una manera tan cruel. Cada vez que he escuchado hablar a Abdelmalik Abdeselam, el padre de Mohamed, no he podido evitar pensar en ello y en cómo el discurrir de una serie de acontecimientos ha cambiado la vida de esta familia al completo. Abdelmalik ofreció ayer a los medios de comunicación las palabras más sabias de todas y a su vez las más humildes: “Dejadles trabajar”, “muchas gracias a la Policía y a todos”.
“Dejadles trabajar”, dijo a los medios de comunicación. Ese es el camino ahora, dejar trabajar para conseguir lo que todos queremos, que este asunto quede tan claro, tan atado y tan bien armado que no haya posibilidad de duda ni se pierdan garantías. Alejados de la visceralidad y de los comentarios en redes sociales que no conducen a ningún camino, la clave está en lo que dijo un padre, un padre de familia humilde que lleva un mes esperando este momento, confiando en que se le llamara para comunicarle resultados. Ese padre humilde, ese padre roto por el dolor, ese padre destrozado ha dicho lo más acertado de todo: “Dejadles trabajar”.
Y esa petición arrastra todo, arrastra no contar de más y no solo porque puedan producirse grietas en el procedimiento sino porque esto puede causar un mayor dolor en los familiares de Mohamed. Apoyar a los seres queridos de este niño que contaba tan solo 8 años es promover un respeto generalizado, huir del morbo, escapar de los mensajes que no provocan más que dolor y daño sumados a los que ya se han hecho costra de por vida en esta familia.
Justicia, solo queda eso. Justicia para que todo lo sucedido obtenga su castigo con todas las garantías.






