La oenegé No Name Kitchen denuncia que una niña marroquí con Síndrome de Down no está recibiendo atención al no estar empadronada. Su historia la han podido conocer en la noticia publicada, en la que se narra cómo su padre cruzó la frontera al ver que la niña necesitaba de una atención específica. Ahora están atrapados en un círculo de trabas: al padre le ofrecen un trabajo, pero no puede dejar a su hija sola porque requiere de cuidados lo que le imposibilita atender esta oferta laboral, la única que podría ser su salvavidas. Tampoco puede recibir recursos sociales o de una asociación porque no está empadronado lo que le sitúa en un limbo, pero tampoco consigue que nadie pueda alquilarle un hogar para dar ese paso.
¿Saben cuál es el resultado de todo esto? Que entre todos están cooperando para impedir que el propio sistema funcione y se haga justicia. Y lo están haciendo incurriendo en una auténtica barbaridad: permitiendo que una niña de 4 años, con Síndrome de Down, no esté siendo atendida como debe, pasando los días con un efecto demoledor sobre el bienestar de la pequeña.
Que seamos incapaces de reaccionar, de dar una atención debida a una niña y que todo eso se fundamente en la excusa de que no se cumplen los trámites legales, deja buena muestra de la mierda de sociedad que estamos alimentando.
No hay más debate. Tenemos una pequeña a la que se le cierran las puertas argumentando problemas a los que no se les da soluciones. Problemas que se convierten en la típica pescadilla que se muerde la cola para que así nadie ose romper el círculo vicioso con la excusa de siempre: “si ayudamos en este caso... vendrán más’. Y nos quedamos tan panchos. Preferimos que una niña esté desatendida como si no fuera con nosotros, para erigirnos en los hombres de hierro ante ese siempre manido debate del efecto llamada.
Luego, eso sí, somos los primeros en difundir que hay recursos, que hay medios, que existen medidas para atender a quienes quieren cumplir la ley. No solo es una mentira, sino que además no hay vergüenza para hacerla valer, para demostrarla delante de solo una niña de 4 años.
Se acudirá al Defensor del Pueblo, como si allí encontráramos el salvavidas ideal. La solución es sencilla: trabajar con humanidad. Eso es lo que falta, somos capaces hasta de jugar con una niña de solo 4 años. Ya después de esto, cualquier cosa.






