Ahora que China vuelve a alarmar al mundo por la velocidad de propagación que ha tomado la covid-19 en ese país asiático, que ha pasado de imponer restricciones extremas a levantarlas casi de la noche a la mañana, el consejero de Sanidad, Alberto Gaitán, hizo ayer balance de una historia de relativo éxito en la ciudad y el resto de España, la de la vacunación contra la enfermedad del coronavirus, que tras cobrarse miles de vida (cerca de 200 ya en Ceuta) quedó aparentemente controlada gracias a la inmunización.
El miembro del Ejecutivo local insistió en una verdad científica incuestionable (salvo por los negacionistas irredentos, algunos de ellos representantes públicos) como es que la vacunación ha sido y es la mejor arma para combatir la pandemia.
En la ciudad el índice de inoculación de dosis en la población ha sido más o menos equiparable al del resto del país, elevado, hasta el ciclo actual del segundo pinchazo de recuerdo.
Los grandes aluviones de ciudadanos en demanda de vacuna han llegado en Ceuta cuando se han requerido para cuestiones prácticas como cruzar la frontera, pero la inmunización debería ser un gesto responsable con uno mismo, con nuestro entorno (especialmente para proteger a los más vulnerables) y el conjunto de la sociedad.
El esfuerzo realizado por todos para vencer el periodo más duro de la crisis sanitaria no puede ser dilapidado por la irresponsabilidad o el exceso de confianza y el consejero hace bien en recordárselo a todos los ceutíes.






